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Análisis a vuelapluma
Coincido con algunos otros analistas de la prensa en alabar la portada del diario Deia, al comentar el comunicado de ETA de esta semana. Es claro, es sugerente e innovador. Y sobre todo mueve a la racionalidad del lector a través de un golpe de vista. De veras que es lo que yo buscaba, cuando vi aparecer la nueva -tan prevista por otro lado- en los demás diarios: buscaba qué le decía aquel comunicado a un experto que sobre el posa su mirada. De momento, una primera impresión, los elementos de conflicto, las intenciones torcidas escondidas tras el texto, las aclaraciones necesarias, las consecuencias, los precedentes. En un simple vistazo. A vuelapluma.
Alfabetización en noticias
Entrevistan hoy en El País a William Baker, acreditado experto en medios. Y me quedo con dos conceptos. Obvios, pero interesantes para la reflexión. Critica la actual información televisiva: "Muchos debates y gente gritándose, programas muy caldeados que aportan poca luz. No es periodismo, pero resulta mucho más barato que mandar a un periodista a investigar". No es periodismo, pero su rentabilidad y facilonería arrastra al periodista. Es lo que el ex reportero del Washington Post Paul Taylor, llamó "periodismo de refugio" en su libro de 1990 "See how they run": ante las prisas se busca este refugio que, además de éxito comercial, tiene una apariencia de objetividad.
El segundo concepto a resaltar es el de "alfabetización en noticias", urgente tarea en el escenario de la sobreabundancia informativa: "es fundamental enseñar a los jóvenes a distinguir entre el buen y el mal periodismo para que tengan capacidad crítica". Pienso que se trata de un concepto paralelo a la educación de la atención al que se refirió en su día Hanah Arendt. Intelectualmente es más exigente que el periodismo de refugio, para el periodista y para una audiencia que también busca sus refugios. Por eso el infoentretenimiento es tan devastador para la "alfabetización en noticias". Se quiera o no, no es lo mismo ir a la escuela que al parque de atracciones.
El segundo concepto a resaltar es el de "alfabetización en noticias", urgente tarea en el escenario de la sobreabundancia informativa: "es fundamental enseñar a los jóvenes a distinguir entre el buen y el mal periodismo para que tengan capacidad crítica". Pienso que se trata de un concepto paralelo a la educación de la atención al que se refirió en su día Hanah Arendt. Intelectualmente es más exigente que el periodismo de refugio, para el periodista y para una audiencia que también busca sus refugios. Por eso el infoentretenimiento es tan devastador para la "alfabetización en noticias". Se quiera o no, no es lo mismo ir a la escuela que al parque de atracciones.
Objetividad y periodismo de declaraciones
Al leer estos días, en distintos diarios, las batallas dialécticas en torno a la crisis económica, me venían a la cabeza las palabras de Kovach y Rosenstiel en su libro "The elements of journalism": “Los periodistas que seleccionan fuentes para que expresen lo que en realidad no es más que su propio punto de vista y a continuación utilizan esa voz neutral para darle visos de objetividad están inmersos en una forma de engaño. Eso daña la credibilidad de toda la profesión y la hace parecer deshonesta, arbitraria, carente de principios, lo cual constituye una formidable advertencia en una época en que los principios básicos de la prensa se ponen tanto en duda” (2001: 104). No son solo ellos. Son muchos los analistas que se han referido a las nefandas consecuencias desinformativas de semejante subterfugio.
No pocas veces los académicos que se han detenido a analizarla, han agrupado bajo la denominación “periodismo de declaraciones” todo este tipo de licencias. Con ese modo de actuar, desde luego que el periodista no toma partido: se limita a exponer las opiniones, a dar taquigráfica cuenta de la visión de otros, sin incorporar valor añadido alguno en forma de verificación. Y esto por una equivocada comprensión de la objetividad según la cual cualquier cesión a la intervención personal del periodista habría de ser considerada manipuladora. Es así como el periodismo de declaraciones parece convertirse en la mejor forma de evitar visiones parciales de los sucesos acontecidos: es permitir a la audiencia oir sonar las dos campanas recogiendo las declaraciones textuales de quiénes opinan de una manera y de los que opinan de modo diverso. Sin embargo, sus críticos alertan de los efectos distorsionadores de semejante práctica. Gabriel Galdón, por ejemplo, dijo ya hace años que “cuando existe una controversia entre los expertos, el criterio objetivista de recoger todas las opiniones, hacen que se metan en el mismo saco las insustanciales y las que tienen un fundamento sólido, sin dar al lector los medios para valorarlas. Se hurtan los aspectos sustantivos y se convierte en noticia la polémica misma” (GALDÓN G. Desinformación. Métodos, aspectos y soluciones, Pamplona, 1994: 38).
La manera de desequilibrar la balanza es simple e imita a la praxis parlamentaria: la última palabra corresponde siempre al partido mayoritario. Y como dice Arcadi Espada, "cuando el periodismo incorpora a su trabajo semejante mecanismo destroza el fundamento de su lugar en el mundo (la mediación) y privilegia la persuación frente a la verdad" (ESPADA, A. Periodismo práctico, Madrid 2008: 126). Por mi parte, solo cambiaría la palabra "mediación" por el compuesto disciplina de verificación. En este caso, aplicado al contenido de las declaraciones.
No pocas veces los académicos que se han detenido a analizarla, han agrupado bajo la denominación “periodismo de declaraciones” todo este tipo de licencias. Con ese modo de actuar, desde luego que el periodista no toma partido: se limita a exponer las opiniones, a dar taquigráfica cuenta de la visión de otros, sin incorporar valor añadido alguno en forma de verificación. Y esto por una equivocada comprensión de la objetividad según la cual cualquier cesión a la intervención personal del periodista habría de ser considerada manipuladora. Es así como el periodismo de declaraciones parece convertirse en la mejor forma de evitar visiones parciales de los sucesos acontecidos: es permitir a la audiencia oir sonar las dos campanas recogiendo las declaraciones textuales de quiénes opinan de una manera y de los que opinan de modo diverso. Sin embargo, sus críticos alertan de los efectos distorsionadores de semejante práctica. Gabriel Galdón, por ejemplo, dijo ya hace años que “cuando existe una controversia entre los expertos, el criterio objetivista de recoger todas las opiniones, hacen que se metan en el mismo saco las insustanciales y las que tienen un fundamento sólido, sin dar al lector los medios para valorarlas. Se hurtan los aspectos sustantivos y se convierte en noticia la polémica misma” (GALDÓN G. Desinformación. Métodos, aspectos y soluciones, Pamplona, 1994: 38).
La manera de desequilibrar la balanza es simple e imita a la praxis parlamentaria: la última palabra corresponde siempre al partido mayoritario. Y como dice Arcadi Espada, "cuando el periodismo incorpora a su trabajo semejante mecanismo destroza el fundamento de su lugar en el mundo (la mediación) y privilegia la persuación frente a la verdad" (ESPADA, A. Periodismo práctico, Madrid 2008: 126). Por mi parte, solo cambiaría la palabra "mediación" por el compuesto disciplina de verificación. En este caso, aplicado al contenido de las declaraciones.
Los agitados mares de la sobreabundancia informativa
El Día del Libro, celebrado ayer, trae a la memoria frases míticas sobre los hijos de la imprenta. Como aquella de Hieronimo Squarciafico, que en 1477, aseguró que “la abundancia de libros hace menos estudiosos a los hombres”.
En diciembre de 2008, la Universidad de Columbia publicaba en su revista Journalism Review un artículo de titular muy expresivo: "Overload! (Sobrecarga), la batalla del periodismo por la relevancia en la era de la sobreabundancia informativa” y aseguraba, basándose en las conclusiones de una investigación a cuenta de Associated Press, que la abundancia de recursos crea insatisfacción y pasividad.
En esa misma publicación, se recoge una entrevista a Clay Shirky, docente de la New York University, en la que sostiene que las nuevas tecnologías están haciendo que la gente lea más aunque de manera más fragmentada. Una interesante aportación a un debate cultural de notable relevancia.
Sea como fuere, el escenario plantea apasionantes retos al periodista que, como protagonista inestimable en esta revolución cultural, ha de aportar, en medio de semejante alud, sobre todo tres cosas: sentido, contexto y disciplina de verificación. Esas y no otras habrán de ser las valencias con las que las marcas periodísticas contribuyan a la conversión de la información en conocimiento.
En diciembre de 2008, la Universidad de Columbia publicaba en su revista Journalism Review un artículo de titular muy expresivo: "Overload! (Sobrecarga), la batalla del periodismo por la relevancia en la era de la sobreabundancia informativa” y aseguraba, basándose en las conclusiones de una investigación a cuenta de Associated Press, que la abundancia de recursos crea insatisfacción y pasividad.
En esa misma publicación, se recoge una entrevista a Clay Shirky, docente de la New York University, en la que sostiene que las nuevas tecnologías están haciendo que la gente lea más aunque de manera más fragmentada. Una interesante aportación a un debate cultural de notable relevancia.
Sea como fuere, el escenario plantea apasionantes retos al periodista que, como protagonista inestimable en esta revolución cultural, ha de aportar, en medio de semejante alud, sobre todo tres cosas: sentido, contexto y disciplina de verificación. Esas y no otras habrán de ser las valencias con las que las marcas periodísticas contribuyan a la conversión de la información en conocimiento.
Universidad, ciencia y periodismo... enredados
Acabo de leer en un diario especializado que la Universidad de Yale está poniendo en marcha un proyecto para mejorar la cobertura de noticias científicas. Bienvenido sea. Según parece, esta institución ha creado el sitio Yale Environment 360 (que tiene ya su edición en castellano)en el que los periodistas y los investigadores comparten conocimientos y abren interrogantes en temas que exigen una notable especialización, como el cambio climático. También la Universidad de Princeton ha creado un sitio centrado en material de vídeo.
Las iniciativas de las prestigiosas universidades norteamericanas muestran una vez más que el periodista debe incrementar sus fuentes ya no tanto en los despachos de expertos o en los pasillos oficiales. Existen unos nuevos caladeros en las redes sociales cualificadas. Para el periodismo, la convergencia con el mundo on-line no es solo cuestión de mobiliario. Supone también adentrarse en los foros universitarios, en las conversaciones y contactos digitales de estas redes de conocimiento, que se autoenriquecen con el intercambio mutuo de los académicos, y se erigen, por tanto, en valiosa fuente para mutuo beneficio de la cultura periodística y la científica.
Las iniciativas de las prestigiosas universidades norteamericanas muestran una vez más que el periodista debe incrementar sus fuentes ya no tanto en los despachos de expertos o en los pasillos oficiales. Existen unos nuevos caladeros en las redes sociales cualificadas. Para el periodismo, la convergencia con el mundo on-line no es solo cuestión de mobiliario. Supone también adentrarse en los foros universitarios, en las conversaciones y contactos digitales de estas redes de conocimiento, que se autoenriquecen con el intercambio mutuo de los académicos, y se erigen, por tanto, en valiosa fuente para mutuo beneficio de la cultura periodística y la científica.
Redes cualificadas
En su libro “Mentiras” (Barcelona 2005, Destino), Xavier Mas de Xaxas, sostiene que los medios “podrán ser mejores motores del progreso y la justicia si sacan provecho del conocimiento de los ciudadanos que no son periodistas pero que saben más que los periodistas”. Cuando Internet, en sus primeros pasos, hizo su entrada en la escena universitaria, facilitó la creación de unas redes de conocimiento que, desde entonces, no han hecho sino enriquecerse. El auge de las redes sociales y el reclamo que éstas suponen para el periodista, conducen a una pregunta en forma de desafío: ¿están los periodistas especializados inmersos ya en esas redes sociales cualificadas? De no ser así, conviene por tres razones: el beneficio del periodismo, que discurriría más cercano a las vanguardias de la verdad; el del mundo académico, que ganaría posiciones en la denostada conexión comunicativa con la sociedad; y el bien del ciudadano que se aproximaría al ideal del conocimiento equivalente y necesario para ser soberano de sus decisiones y convicciones en el escenario de la opinión pública.
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