Caché de influencia
Cada mochuelo a su olivo
De la reunión de los directivos de los cinco medios protagonistas del affaire Wikileaks, destacaría un asunto. Lo que cuenta Georg Mascolo (Der Spiegel). Es interesante que su edición escrita tiene periodicidad semanal. Esto es un cambio de perspectiva: la adaptación al on-line de un semanario. El resto de los participantes son diarios. Según cuenta, su fundador siempre soñó con tener un diario. Con internet lo tiene: sueño cumplido. Pero no se canibaliza. Huye de la convergencia redaccional: cada mochuelo a su olivo. La redacción de información diaria, a la web. Para la edición impresa, otros periodistas, dirigidos de otro modo, viendo la actualidad con otra perspectiva: tempus mediático diverso, estrategia de cobertura diferente, soporte distinto, escrito para una inteligencia de imprenta más serena y reposada, de sillón de orejas. Interesante planteamiento de la adaptación on-line: ¿y si El País o El Mundo solo apareciesen impresos los viernes tarde y dejaran lo diario a la permanente actualización del soporte digital?
Lo institucional sigue pesando
Brooke había reunido, paso a paso, datos incontestables e incluso había forzado una orden judicial para lograr la publicidad de unas cuentas llenas de subterfugios. Algo que el Telegraph adelantó en mucho menos tiempo, a golpe de talonario y con una cobertura jurídica sólida. Historias como esta permiten sacar conclusiones. Como afirman Leonard Downie y Michael Schudson en “The Reconstruction of American Journalism”, publicado por Columbia Journalism Review, “hay una necesidad no sólo de noticias, sino de salas de redacción”. Tienen razón cuando sostienen que la presentación de informes, análisis, e investigación vienen enormemente facilitados cuando se llevan a cabo “en colaboración en el interior de las organizaciones estables que puedan facilitar la presentación de informes realizados por los periodistas con experiencia, apoyarlos con dinero, logística y servicios jurídicos” para luego presentarlos a un público masivo”. Contra quiénes ven en el periodismo atomizado –blogs, freelance, etc.- la salida de la crisis del Periodismo, estos autores consideran que “la autoridad institucional otorga unas garantías a la labor de las salas de redacción” que sigue estando –hoy por hoy- en la base de su credibilidad e influjo.
Una muestra del valor añadido periodístico
Pero lo más interesante viene después: no consta que ningún medio picara y la difundiera como cierta.
Si el periodismo trabaja con esta disciplina de verificación ante las muchas veces beneficiosa participación ciudadana, entonces vamos bien. Estará respondiendo eficazmente a la que John Lawton llamó "gran paradoja de la era de la información", su capacidad de conceder una nueva respetabilidad a la opinión desinformada.
Dificultades, todas.
Thomson tiene claro que la información periodística hace ahora más falta que nunca. Como en economía hay crisis cuando no hay recursos, pero hay otras crisis derivadas de la abundancia. Cuando había poca información , los periodistas se hicieron un sitio y supieron proporcionarla, venciendo unas veces las dificultades técnicas y otras los intereses de la censura. Ahora que el escenario es de abundancia la plusvalía se llama gestión y selección cualificada de fuentes, creación de contexto, disciplina de verificación... y lograr así que la etiqueta de "periodistica" colgada de la información brille cada vez más.
Catedrales con alma
Parte Soria de una convicción: internet no es un medio sino "la madre de todos los medios de comunicación presentes y futuros, una matriz digital que integra todos los lenguaje posibles". Primera encrucijada y primera indicación precisa del camino pertinente, de la que se deriva una segunda señalización: huir de los fundamentalismos del papel e internet. "Ambas posiciones -dice Soria- carecen de sentido porque tanto el papel como internet están llamados a vivir, a convivir, a construir la revolución digital".
Tercera premisa: ninguno de los medios clásicos está capacitado para liderar la revolución digital, pues "son tan fuertes las improntas y la cultura específica de cada uno de ellos (el modo de planear, de cubrir la información, los flujos de trabajo, los tiempos de acción, la forma de mirar la realidad (...) que resulta casi imposible liderar desde ellos este giro copernicano". La clave estará, siempre según Soria, en situar en los "centros operativos de las empresas de comunicación a hombres y mujeres con alma periodística y cabeza y corazón digital".
Por último, "la revolución digital debe de comprometerse con el periodismo puro y duro", con los valores periodísticos de siempre. "Todas las empresas de comunicación han de ser catedrales -grandes o pequeñas, de piedra, de ladrillo, de barro o de madera-, catedrales con alma, empeñadas en mejorar el mundo, no solo en describirlo".
Ya no es comparable pues la etapa que vivimos con la que el periodismo contempló con la llegada de la radio primero y de la televisión después. Es otra cosa.
Fuentes periodísticas en la era internet
Las pegas al cobro y la migración publicitaria
Interesante la concrección que hace de tres problemas que conllevaría el paso al cobro por contenidos en la red. El primero está en los costes de marketing: "cuesta dinero cobrar dinero", dice Jarvis. Y las cuentas de los diarios no están muy boyantes. Por esto Jarvis habla de suicidio. El segundo problema es que esta medida dejaría fuera de la conversación al medio que la aplique, que éste perdería influencia. El tercero es la pérdida de clics y enlaces indirectos (por ejemplo, del tráfico proveniente de los buscadores).
Aparte de los estudios estadísticos con que el entrevistado sustenta sus afirmaciones, vale la pena añadir a la reflexión otro dato. Según un estudio del Internet Advertising Bureau (IAB) por primera vez, en Gran Bretaña, la televisión deja de ser el principal soporte publicitario. Tal dignidad pasa a la red. Entonces, ¿bastaría con que los medios informativos aguarden a la consolidación de la migración publicitaria que se está produciendo?
Inteligencia de imprenta
Se trata de dos conceptos de información política bien diversos: la sátira con cierto tono clandestino por el lado francés; y el análisis en profundidad a cargo del medio distribuido en las praderas del Capitolio. Veremos como resulta, pero conviene enlazar ambos conceptos con lo que Neil Postman decía en su libro "Divertirse hasta morir: el discurso público en la era del show business" (Barcelona: Ediciones de la Tempestad, 2001; 195 pp). Allí se emplea el término "inteligencia de imprenta", que podríamos enfrentar a la que llamaríamos "inteligencia digital". En la primera, que será la adecuada si se contagia el retorno al papel que inician estos medios, "se requiere permanecer más o menos inmovil por un tiempo relativamente largo", relegar "la atención a la forma de las letras, a fin de ir directamente al significado de las palabras que forman", sostener una cierta "inmunidad a la elocuencia", ser "capaz de distinguir entre el placer sensual, el encanto o el tono insultante de las palabras y la actitud del autor hacia el tema y el lector", y valorar la diferencia entre "una broma y un argumento". Una actitud distinta de la hiperactividad e indisciplina de la segunda inteligencia, la digital.
Si esto es así, en el futuro de publicaciones impresas como The Político hay más claros que nubes. Mientras que para Bakchich Hebdo, el panorama es de chubascos.
Cambio de rumbo en la isla de Manhattan
Desde la tarima universitaria
Una nación que se habla a sí misma
Y además, funciona
Cimientos y atalayas
Otra perla del reportaje: el diario cuenta con nada menos que 26 corresponsalías en el extranjero y, según comenta la autora, “sus titulares pueden contentarse con publicar una vez al mes”. Lógica consecuencia de lo anterior. Competitividad interna que, pudiendo ser origen de desvaríos éticos estilo Jayson Blair, también puede generar cualificación profesional y completas visiones del mundo.
Y permítaseme un tercer subrayado para hablar de la “Sala de invenciones”, en la última planta del edificio del periódico. Su habitante, el típico chaval bohemio con gafas de concha, que –como dice la Gallego- “juega con aparatos electrónicos, tratando de adelantarse al futuro”. Su misión se completa con educar a sus compañeros y jefes en la próxima generación digital. Es la atenta y especializada mirada adelante. Necesaria atalaya no menos relevante que las plantas inferiores, basilares cimientos de un periodismo cambiante.
De quijotes y caballeros
Ninguna de estas hazañas incumbe a un periodista de nuestro tiempo. Pero sí otra que implica semejante arrojo: irse del Boston Globe para embarcarse en una aventura de periodismo digital nonprofit. Lo cuenta Charles M. Sennot en Columbia Journalism Review, con un apasionante artículo que narra los inicios del Globalpost.com.
Con gracia y sentido literario dice Sennot que “espero con ansiedad y esperanza que aquellos de nosotros que hemos dado el salto no seremos recordados como Don Quijotes precipitándose contra molinos de viento. Trato de trabajar duro para convencerme a mí mismo y a mi equipo de que más bien somos caballeros de un nuevo orden, marchando con armaduras maltrechas a prestar batalla a unos dragones”. Interesante seguir sus pasos.
Los agitados mares de la sobreabundancia informativa
En diciembre de 2008, la Universidad de Columbia publicaba en su revista Journalism Review un artículo de titular muy expresivo: "Overload! (Sobrecarga), la batalla del periodismo por la relevancia en la era de la sobreabundancia informativa” y aseguraba, basándose en las conclusiones de una investigación a cuenta de Associated Press, que la abundancia de recursos crea insatisfacción y pasividad.
En esa misma publicación, se recoge una entrevista a Clay Shirky, docente de la New York University, en la que sostiene que las nuevas tecnologías están haciendo que la gente lea más aunque de manera más fragmentada. Una interesante aportación a un debate cultural de notable relevancia.
Sea como fuere, el escenario plantea apasionantes retos al periodista que, como protagonista inestimable en esta revolución cultural, ha de aportar, en medio de semejante alud, sobre todo tres cosas: sentido, contexto y disciplina de verificación. Esas y no otras habrán de ser las valencias con las que las marcas periodísticas contribuyan a la conversión de la información en conocimiento.
¿El Quinto Poder?
Para el analista del WSJ, basta que un blog alcance los 100.000 visitantes únicos al mes para que genere 75.000 dólares anuales de ingresos publicitarios. Quizá sea una previsión en exceso optimista, pero la fuente parece fiable. ¿Una alternativa posible a la crisis financiera del periodismo? ¿Un paso adelante en la necesaria migración publicitaria desde los medios impresos al mercado on-line? ¿Nuevas posibilidades para la hiper-especialización periodística? ¿Un horizonte abierto a la independencia del informador? Penn se aventura incluso a hablar del nacimiento de un Quinto Poder, el de los blogs.
La conquista de la autoridad
En esta línea de una excelencia descarada, leo a Peter R. Kahn, que animaba hace pocos años al periodismo a elevar el nivel de su propio estándar, a enfrentarse a si mismo y purificarse de sus defectos corporativos: superar su tendencia a lo efímero y su fascinación por lo macabro, lo perverso, lo patológico. Eso que lo hagan -ya lo hacen- otros. Por contra habrá que buscar la distinción -decía Kahn- en un paradigma alternativo al del conflicto, que encorseta la creatividad.
Fondos por calidad
La que ya algunos llaman Reina del Blog afirma que esta iniciativa busca, entre otras cosas, “ofrecer nuevas oportunidades a periodistas con experiencia que han sido licenciados u obligados a una jubilación anticipada”. Y no distingue de medios: la investigación para acceder al fondo requiere, por encima de todo, calidad periodística. Luego, “en el espíritu abierto de la web, todos los contenidos producidos estarán a disposición de quien quiera publicarlos”. En definitiva, un nuevo y muy pertinente experimento financiado por actores non profit para mantener viva y mostrar el enérgico servicio público que puede prestar el periodismo de investigación.
La inciativa va muy en la línea de lo que proponía un reciente e interesante artículo de Charles Lewis en Columbia Journalism Review, cuando afirmaba que tanto el periodismo como la democracia necesitan desesperadamente nuevos modelos económicos para apoyar y hacer públicos informes de investigación, así como un lugar para explorar e incubar nuevas plataformas y enfoques de esta técnica profesional.
Universidad, ciencia y periodismo... enredados
Las iniciativas de las prestigiosas universidades norteamericanas muestran una vez más que el periodista debe incrementar sus fuentes ya no tanto en los despachos de expertos o en los pasillos oficiales. Existen unos nuevos caladeros en las redes sociales cualificadas. Para el periodismo, la convergencia con el mundo on-line no es solo cuestión de mobiliario. Supone también adentrarse en los foros universitarios, en las conversaciones y contactos digitales de estas redes de conocimiento, que se autoenriquecen con el intercambio mutuo de los académicos, y se erigen, por tanto, en valiosa fuente para mutuo beneficio de la cultura periodística y la científica.