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Caché de influencia

Político, un medio especializado en la política de Washington que publica información a diario a través de la web y en papel una vez a la semana, ha anunciado su desembarco en Europa. El interés de este anuncio radica en la posibilidad de que este medio tenga en el entorno de decisión europeo la misma influencia que tiene ya en los pasillos del Capitolio. Seguir pocos temas y a fondo, es una de las claves de funcionamiento de este medio en Estados Unidos y con esa pretensión llega a los jardines de la Comisión. Como Pennsylvania Avenue, la Rue de la Loi es un hervidero de grupos de presión que seguramente ya están trabajando el nuevo ejercicio con la mirada puesta en este nuevo medio, que trae a Europa el omnipresente grupo alemán Axel Springer. Interesante campo de estudio y de análisis comparativo.

Cada mochuelo a su olivo

De la reunión de los directivos de los cinco medios protagonistas del affaire Wikileaks, destacaría un asunto. Lo que cuenta Georg Mascolo (Der Spiegel). Es interesante que su edición escrita tiene periodicidad semanal. Esto es un cambio de perspectiva: la adaptación al on-line de un semanario. El resto de los participantes son diarios. Según cuenta, su fundador siempre soñó con tener un diario. Con internet lo tiene: sueño cumplido. Pero no se canibaliza. Huye de la convergencia redaccional: cada mochuelo a su olivo. La redacción de información diaria, a la web. Para la edición impresa, otros periodistas, dirigidos de otro modo, viendo la actualidad con otra perspectiva: tempus mediático diverso, estrategia de cobertura diferente, soporte distinto, escrito para una inteligencia de imprenta más serena y reposada, de sillón de orejas. Interesante planteamiento de la adaptación on-line: ¿y si El País o El Mundo solo apareciesen impresos los viernes tarde y dejaran lo diario a la permanente actualización del soporte digital?

Lo institucional sigue pesando

Son días de balance, de recuerdos de un año que termina. El 2009 para el Periodismo tiene una fecha a no olvidar: el 8 de mayo. Ese día un scoop periodístico del Daily Telegraph sobre los gastos abusivos de los diputados británicos hacía temblar los cimientos del Parlamento. Lo interesante es que al publicar su informe el Telegraph se adelantaba a cuatro años de investigaciones, pausadas pero constantes, de la periodista freelance, americana afincada en Gran Bretaña, Heather Brooke.
Brooke había reunido, paso a paso, datos incontestables e incluso había forzado una orden judicial para lograr la publicidad de unas cuentas llenas de subterfugios. Algo que el Telegraph adelantó en mucho menos tiempo, a golpe de talonario y con una cobertura jurídica sólida. Historias como esta permiten sacar conclusiones. Como afirman Leonard Downie y Michael Schudson en “The Reconstruction of American Journalism”, publicado por Columbia Journalism Review, “hay una necesidad no sólo de noticias, sino de salas de redacción”. Tienen razón cuando sostienen que la presentación de informes, análisis, e investigación vienen enormemente facilitados cuando se llevan a cabo “en colaboración en el interior de las organizaciones estables que puedan facilitar la presentación de informes realizados por los periodistas con experiencia, apoyarlos con dinero, logística y servicios jurídicos” para luego presentarlos a un público masivo”. Contra quiénes ven en el periodismo atomizado –blogs, freelance, etc.- la salida de la crisis del Periodismo, estos autores consideran que “la autoridad institucional otorga unas garantías a la labor de las salas de redacción” que sigue estando –hoy por hoy- en la base de su credibilidad e influjo.

Una muestra del valor añadido periodístico

Hace unos días leí una noticia sobre la que vengo pensando estos días. La mañana del pasado 16 de noviembre, un servicio inspirado en twitter de la agencia pública de noticias belga difundía el siguiente mensaje: "La reina Fabiola acaba de fallecer. Ha muerto al saber del divorcio de los príncipes Laurent y Claire". Periodismo ciudadano dixit, sin los necesarios cortafuegos, pues llegaba precedida del distintivo Belga/ Ihavenews. be.
Pero lo más interesante viene después: no consta que ningún medio picara y la difundiera como cierta.
Si el periodismo trabaja con esta disciplina de verificación ante las muchas veces beneficiosa participación ciudadana, entonces vamos bien. Estará respondiendo eficazmente a la que John Lawton llamó "gran paradoja de la era de la información", su capacidad de conceder una nueva respetabilidad a la opinión desinformada.

Dificultades, todas.

Breve, sincero pero inquebrantable ha sido el anuncio de Murdoch: la denostada puesta en escena del cobro por contenidos informativos tendrá que esperar. Tras reconocer que las dificultades son todas no duda de que este sea el camino a seguir. Su perro de presa, el insigne director de The Wall Street Journal Robert Thomson, dibujaba con firmes rasgos su convicción en la conferencia del pasado 4 de noviembre con ocasión del aniversario de El Mundo: "Los periodistas tienen un papel importante, y cada vez más, y la profesión es excesivamente imprudente al menospreciar sus aportaciones y excesivamente proclive a hacerlo".
Thomson tiene claro que la información periodística hace ahora más falta que nunca. Como en economía hay crisis cuando no hay recursos, pero hay otras crisis derivadas de la abundancia. Cuando había poca información , los periodistas se hicieron un sitio y supieron proporcionarla, venciendo unas veces las dificultades técnicas y otras los intereses de la censura. Ahora que el escenario es de abundancia la plusvalía se llama gestión y selección cualificada de fuentes, creación de contexto, disciplina de verificación... y lograr así que la etiqueta de "periodistica" colgada de la información brille cada vez más.

Catedrales con alma

Las apuestas firmes y decididas en escenarios tempestusosos siempre han de ser valoradas. Más si cabe cuando quién invita es un marinero forjado en mil batallas. Así que cuando en el artículo "Medios de comunicación: la revolución necesaria", el profesor y consultor Carlos Soria anima a la integración, es obligada la cita y la detenida consideración.
Parte Soria de una convicción: internet no es un medio sino "la madre de todos los medios de comunicación presentes y futuros, una matriz digital que integra todos los lenguaje posibles". Primera encrucijada y primera indicación precisa del camino pertinente, de la que se deriva una segunda señalización: huir de los fundamentalismos del papel e internet. "Ambas posiciones -dice Soria- carecen de sentido porque tanto el papel como internet están llamados a vivir, a convivir, a construir la revolución digital".
Tercera premisa: ninguno de los medios clásicos está capacitado para liderar la revolución digital, pues "son tan fuertes las improntas y la cultura específica de cada uno de ellos (el modo de planear, de cubrir la información, los flujos de trabajo, los tiempos de acción, la forma de mirar la realidad (...) que resulta casi imposible liderar desde ellos este giro copernicano". La clave estará, siempre según Soria, en situar en los "centros operativos de las empresas de comunicación a hombres y mujeres con alma periodística y cabeza y corazón digital".
Por último, "la revolución digital debe de comprometerse con el periodismo puro y duro", con los valores periodísticos de siempre. "Todas las empresas de comunicación han de ser catedrales -grandes o pequeñas, de piedra, de ladrillo, de barro o de madera-, catedrales con alma, empeñadas en mejorar el mundo, no solo en describirlo".
Ya no es comparable pues la etapa que vivimos con la que el periodismo contempló con la llegada de la radio primero y de la televisión después. Es otra cosa.

Fuentes periodísticas en la era internet

Para la gestión de fuentes es crucial adaptarse profesionalmente a las posibilidades despertadas en este ámbito por la tecnología digital. Transparencia, fácil acceso y fluidez de intercambio: tesoros escondidos en ese correcto acomodo. Y un error funesto para la independencia, para la veracidad: que el periodista se convierta en simple corréa de transmisión. Vuelve a avisar de la emergencia el libro “El periodismo en la era internet”, coordinado por María Pilar Diezhandino, que no es un simple ensayo valorativo sino un análisis diagnóstico de la realidad: “Otro rasgo característico de la actual práctica informativa es el abandono paulatino del trabajo con fuentes propias. Fuentes directas, justificadas, atenidas al tema, en número suficiente para contar bien la historia y expresamente mencionadas, en justa correspondencia con la necesaria credibilidad que el periodismo requiere”. Brillante descripción de lo que es y de lo que debería ser el trabajo del periodista con sus fuentes.

Las pegas al cobro y la migración publicitaria

Los análisis acerca del pago o la gratuidad de los contenidos informativos en la red se están convirtiendo en un lugar común. Amenazan incluso con hastiar al lector implicado. Pero es clara su relevancia para el futuro del periodismo. De la entrevista en ABC a Jeff Jarvis, quizá el representante más sugerente y agresivo de los partidarios de la gratuidad, me quedo con dos reflexiones, si bien recomiendo el conjunto de la entrevista. Dice Jarvis que no hay crisis en el periodismo, sino en los periódicos "porque no actualizaron sus modelos de negocio a la realidad de una nueva situación". Discrepo, porque es el periodismo de calidad el que no encuentra el modelo de negocio que lo haga sostenible. Como con las tapas de yogourt, hay que seguir buscando.
Interesante la concrección que hace de tres problemas que conllevaría el paso al cobro por contenidos en la red. El primero está en los costes de marketing: "cuesta dinero cobrar dinero", dice Jarvis. Y las cuentas de los diarios no están muy boyantes. Por esto Jarvis habla de suicidio. El segundo problema es que esta medida dejaría fuera de la conversación al medio que la aplique, que éste perdería influencia. El tercero es la pérdida de clics y enlaces indirectos (por ejemplo, del tráfico proveniente de los buscadores).
Aparte de los estudios estadísticos con que el entrevistado sustenta sus afirmaciones, vale la pena añadir a la reflexión otro dato. Según un estudio del Internet Advertising Bureau (IAB) por primera vez, en Gran Bretaña, la televisión deja de ser el principal soporte publicitario. Tal dignidad pasa a la red. Entonces, ¿bastaría con que los medios informativos aguarden a la consolidación de la migración publicitaria que se está produciendo?

Inteligencia de imprenta

Si finalmente hay un sólido consenso para terminar con la gratuidad de los contenidos periodísticos en la red, uno de los caminos de retorno es la vuelta al papel de algunas ediciones digitales. Lo ha hecho Bakchich Hebdo, un semanal satírico francés, como en su día lo hizo el norteamericano The Politico.
Se trata de dos conceptos de información política bien diversos: la sátira con cierto tono clandestino por el lado francés; y el análisis en profundidad a cargo del medio distribuido en las praderas del Capitolio. Veremos como resulta, pero conviene enlazar ambos conceptos con lo que Neil Postman decía en su libro "Divertirse hasta morir: el discurso público en la era del show business" (Barcelona: Ediciones de la Tempestad, 2001; 195 pp). Allí se emplea el término "inteligencia de imprenta", que podríamos enfrentar a la que llamaríamos "inteligencia digital". En la primera, que será la adecuada si se contagia el retorno al papel que inician estos medios, "se requiere permanecer más o menos inmovil por un tiempo relativamente largo", relegar "la atención a la forma de las letras, a fin de ir directamente al significado de las palabras que forman", sostener una cierta "inmunidad a la elocuencia", ser "capaz de distinguir entre el placer sensual, el encanto o el tono insultante de las palabras y la actitud del autor hacia el tema y el lector", y valorar la diferencia entre "una broma y un argumento". Una actitud distinta de la hiperactividad e indisciplina de la segunda inteligencia, la digital.
Si esto es así, en el futuro de publicaciones impresas como The Político hay más claros que nubes. Mientras que para Bakchich Hebdo, el panorama es de chubascos.

Cambio de rumbo en la isla de Manhattan

Aunque no hay un anuncio oficial, circulan por los mentideros periodísticos rumores que avisan de un inminente cambio de rumbo del mítico New York Times: en breve, anuncia por ejemplo la corresponsal en Nueva York del Corrierre della Sera Alessandra Farkas, la edición on-line del rotativo pasará a ser de pago. Que la Gran Dama Gris se apunte a la tendencia marcada por otros prestigiosos diarios -el Wall Street Journal y el Financial Times-, podría tener un impetuoso efecto de arrastre para con otras cabeceras. WSJ y Financial Times apoyaban su estrategia en el importante valor añadido que para los inversores tiene la información económica y bursátil de ambos diarios. Pero en el caso del New York Times no existe la certeza de esa plusvalía y por eso han abierto una encuesta entre sus lectores para prever en lo posible la acogida que tan arriesgada operación entrañaría. Merece atención, pues sería un precedente de arrolladora fuerza ejemplar.

Desde la tarima universitaria

Alegra ver que el debate sobre los nuevos tiempos que transita el periodismo se aloje en las aulas universitarias. El ejemplo de lo que en este sentido ocurre en la Columbia Journalism School viene expuesto en este artículo de Erica Orden en el New York Magazine. Un encarnizado debate entre quienes apuestan por una renovación profunda de los planes de estudio para adaptarse al nuevo universo digital y quienes consideran que el periodismo es un sustrato que permanece indemne bajo el alocado fluir de la tecnología. Para Tu Duy Linh, el coordinador de los nuevos medios de comunicación de esta universidad, el verdadero planteamiento de la cuestión no es si la escuela puede darse el lujo de cambiar, sino que no puede permitirse no hacerlo. "Hay una discusión sobre si esto es para mejor o detrimento del periodismo", dice Tu. "Yo no me metería en ese argumento. El hecho es que esta es la realidad del periodismo”. Los medios para hacerlo es lo que queda por decidir.

Una nación que se habla a sí misma

Uno de los ítems incorporados por la edición digital que no podía tener la prensa es la de permitir al lector la inclusión de comentarios a los artículos publicados. Hace unos días Chris O’Brien, de MediaShift, se preguntaba sobre la conveniencia o no de que el lector abordase la lectura de cada comentario unido a un artículo. Él mismo reconocía que los desechaba con frecuencia, pero que se detenía en temas que le eran de interés y que en esos casos valoraba especialmente la labor de selección previa hecha por el periodista.Hace muchos años que Arthur Miller expresó aquella ilustración de la prensa como “una nación hablándose a sí misma”. ¿Será este sueño ahora más posible? Bill Kovach y Tom Rosenstiel, en un libro de referencia titulado “The Elements of journalism”, dicen que la verdad periodística “es un proceso de selección que se desarrolla entre el artículo inicial de una serie y la interacción entre lectores y periodistas”. Y opinan asimismo que los criterios profesionales del periodista –sobre todo una objetividad que entienden ligada a la disciplina de verificación- deben aplicarse también en la selección de los comentarios anejos al propio artículo. Es indudable que a la hora de aprovechar todos los recursos de los nuevos medios, el periodista trabaja más. Pero también es innegable que contribuye de este modo al enriquecimiento de un diálogo que busca con desinterés la verdad de las cosas.

Y además, funciona

No deja de impresionar la vitalidad de innovación empresarial que existe en el periodismo. La estrategia de la que ahora hablamos no es de esta mañana: Politico ya lleva tiempo funcionando. Lo que ahora se anuncia en la red es que su cuenta de resultados funciona. Esto es algo nuevo para un medio que ensaya la integración papel-digital. Varios rasgos lo distinguen: la especialización de sus contenidos y su apuesta por temas propios en ese campo, la riqueza de sus fuentes (su equipo de redactores provienen de marcas periodísticas consagradas y llevan años merodeando las praderas de Pennsylvania Avenue), la periodicidad curiosa de su edición impresa (tres días a la semana), su compatibilidad con una edición on-line no sujeta a horarios de actualización, el interés despertado por la edición de papel entre los lobbys que revolotean en el Capitolio (dicen que el periódico dura menos que un caramelo a la salida de un colegio)… En lo empresarial, rige un particular concepto de sindicación con otros medios. Así, no cobran por los contenidos elaborados pero cuando otros medios se interesan por ellos, les permiten publicar sus historias de forma gratuita, si bien Politico se reserva la gestión de la publicidad de sus informaciones en esos medios.Parece complejo, pero funciona. Y eso, en los tiempos que corren, merece un análisis.

Cimientos y atalayas

Acabo de leer un interesante perfil del diario "The New York Times" que este fin de semana publicaban varios periódicos. La autora, Mercedes Gallego. Llaman la atención dos o tres cosas. La primera, unas palabras de su director adjunto, Richard L. Berke: “un reportero nuestro puede pasar un mes o un año trabajando en un tema”. Increíble y revolucionario trasunto en la era del doble click. Lo segundo, el comentario de la periodista que, al oírlo, reconoce que “a esta corresponsal le rechinan los dientes de pura envidia”. ¿Y a los lectores? Quizá también ansíen informaciones así elaboradas, sopesadas, verificadas.
Otra perla del reportaje: el diario cuenta con nada menos que 26 corresponsalías en el extranjero y, según comenta la autora, “sus titulares pueden contentarse con publicar una vez al mes”. Lógica consecuencia de lo anterior. Competitividad interna que, pudiendo ser origen de desvaríos éticos estilo Jayson Blair, también puede generar cualificación profesional y completas visiones del mundo.
Y permítaseme un tercer subrayado para hablar de la “Sala de invenciones”, en la última planta del edificio del periódico. Su habitante, el típico chaval bohemio con gafas de concha, que –como dice la Gallego- “juega con aparatos electrónicos, tratando de adelantarse al futuro”. Su misión se completa con educar a sus compañeros y jefes en la próxima generación digital. Es la atenta y especializada mirada adelante. Necesaria atalaya no menos relevante que las plantas inferiores, basilares cimientos de un periodismo cambiante.

De quijotes y caballeros

Saltar de una torre en llamas. Abandonar un buque que se hunde en un ruinoso bote. Agarrarse a una liana para abandonar un puente que se deshace.
Ninguna de estas hazañas incumbe a un periodista de nuestro tiempo. Pero sí otra que implica semejante arrojo: irse del Boston Globe para embarcarse en una aventura de periodismo digital nonprofit. Lo cuenta Charles M. Sennot en Columbia Journalism Review, con un apasionante artículo que narra los inicios del Globalpost.com.
Con gracia y sentido literario dice Sennot que “espero con ansiedad y esperanza que aquellos de nosotros que hemos dado el salto no seremos recordados como Don Quijotes precipitándose contra molinos de viento. Trato de trabajar duro para convencerme a mí mismo y a mi equipo de que más bien somos caballeros de un nuevo orden, marchando con armaduras maltrechas a prestar batalla a unos dragones”. Interesante seguir sus pasos.

Los agitados mares de la sobreabundancia informativa

El Día del Libro, celebrado ayer, trae a la memoria frases míticas sobre los hijos de la imprenta. Como aquella de Hieronimo Squarciafico, que en 1477, aseguró que “la abundancia de libros hace menos estudiosos a los hombres”.
En diciembre de 2008, la Universidad de Columbia publicaba en su revista Journalism Review un artículo de titular muy expresivo: "Overload! (Sobrecarga), la batalla del periodismo por la relevancia en la era de la sobreabundancia informativa” y aseguraba, basándose en las conclusiones de una investigación a cuenta de Associated Press, que la abundancia de recursos crea insatisfacción y pasividad.
En esa misma publicación, se recoge una entrevista a Clay Shirky, docente de la New York University, en la que sostiene que las nuevas tecnologías están haciendo que la gente lea más aunque de manera más fragmentada. Una interesante aportación a un debate cultural de notable relevancia.
Sea como fuere, el escenario plantea apasionantes retos al periodista que, como protagonista inestimable en esta revolución cultural, ha de aportar, en medio de semejante alud, sobre todo tres cosas: sentido, contexto y disciplina de verificación. Esas y no otras habrán de ser las valencias con las que las marcas periodísticas contribuyan a la conversión de la información en conocimiento.

¿El Quinto Poder?

Mark Penn publicaba en Wall Street Journal un artículo en el que afirmaba que el número de bloggers en los Estados Unidos supera en este momento los 20 millones. Pero lo más interesante es que 1,7 millones de ellos consiguen ya sacar rendimiento económico a ese trabajo a través de los banners de publicidad. La cifra de editores que tienen en el blog la fuente primaria de sus ganancias asciende a 452.000.
Para el analista del WSJ, basta que un blog alcance los 100.000 visitantes únicos al mes para que genere 75.000 dólares anuales de ingresos publicitarios. Quizá sea una previsión en exceso optimista, pero la fuente parece fiable. ¿Una alternativa posible a la crisis financiera del periodismo? ¿Un paso adelante en la necesaria migración publicitaria desde los medios impresos al mercado on-line? ¿Nuevas posibilidades para la hiper-especialización periodística? ¿Un horizonte abierto a la independencia del informador? Penn se aventura incluso a hablar del nacimiento de un Quinto Poder, el de los blogs.

La conquista de la autoridad

Una de las más reconfortantes tendencias apuntadas por el informe anual 2009 del Project for Excellence in Journalism (PEJ) es la que plantea la posible reconversión de las empresas, con una influencia y protagonismo crecientes de los periodistas individuales que más valen a costa de las empresas. Una buena noticia para la independencia del periodista en medio de tantas crisis financieras en el sector.En el actual universo informativo, complejo, atomizado y desinstitucionalizado, en el que la generación de noticias está del todo liberalizada, se revaloriza el periodista individual, que seguirá presentándose como algo valioso ante su público. Cierto que tendrá que conquistar o mantener su autoridad ejercitando valores profesionales tales como la disciplina de verificación y una contrastable y cualificada lealtad al ciudadano. Todo un reto. Pero quien lo consiga se ganará el toque de distinción necesario en los mares de la sobreabundancia informativa.
En esta línea de una excelencia descarada, leo a Peter R. Kahn, que animaba hace pocos años al periodismo a elevar el nivel de su propio estándar, a enfrentarse a si mismo y purificarse de sus defectos corporativos: superar su tendencia a lo efímero y su fascinación por lo macabro, lo perverso, lo patológico. Eso que lo hagan -ya lo hacen- otros. Por contra habrá que buscar la distinción -decía Kahn- en un paradigma alternativo al del conflicto, que encorseta la creatividad.

Fondos por calidad

Oportuna iniciativa la de Arianna Huffington con la reciente creación del Huff Fund, un fondo para el periodismo de investigación que financiará una técnica profesional especialmente amenazada por la recesión económica y los recortes en muchas redacciones. “Durante demasiado tiempo –se queja la Huffington-, ya se tratase de la guerra de Irak o de la crisis económica, hemos tenido demasiadas autopsias y no suficientes biopsias”. El fondo se convierte así en una zanahoria enjundiosa para dinamizar una práctica de indudable valía, pero que, según el recientemente publicado informe del Project for Excellence in Journalism, ha perdido fuelle, en particular en la última campaña presidencial norteamericana.
La que ya algunos llaman Reina del Blog afirma que esta iniciativa busca, entre otras cosas, “ofrecer nuevas oportunidades a periodistas con experiencia que han sido licenciados u obligados a una jubilación anticipada”. Y no distingue de medios: la investigación para acceder al fondo requiere, por encima de todo, calidad periodística. Luego, “en el espíritu abierto de la web, todos los contenidos producidos estarán a disposición de quien quiera publicarlos”. En definitiva, un nuevo y muy pertinente experimento financiado por actores non profit para mantener viva y mostrar el enérgico servicio público que puede prestar el periodismo de investigación.
La inciativa va muy en la línea de lo que proponía un reciente e interesante artículo de Charles Lewis en Columbia Journalism Review, cuando afirmaba que tanto el periodismo como la democracia necesitan desesperadamente nuevos modelos económicos para apoyar y hacer públicos informes de investigación, así como un lugar para explorar e incubar nuevas plataformas y enfoques de esta técnica profesional.

Universidad, ciencia y periodismo... enredados

Acabo de leer en un diario especializado que la Universidad de Yale está poniendo en marcha un proyecto para mejorar la cobertura de noticias científicas. Bienvenido sea. Según parece, esta institución ha creado el sitio Yale Environment 360 (que tiene ya su edición en castellano)en el que los periodistas y los investigadores comparten conocimientos y abren interrogantes en temas que exigen una notable especialización, como el cambio climático. También la Universidad de Princeton ha creado un sitio centrado en material de vídeo.
Las iniciativas de las prestigiosas universidades norteamericanas muestran una vez más que el periodista debe incrementar sus fuentes ya no tanto en los despachos de expertos o en los pasillos oficiales. Existen unos nuevos caladeros en las redes sociales cualificadas. Para el periodismo, la convergencia con el mundo on-line no es solo cuestión de mobiliario. Supone también adentrarse en los foros universitarios, en las conversaciones y contactos digitales de estas redes de conocimiento, que se autoenriquecen con el intercambio mutuo de los académicos, y se erigen, por tanto, en valiosa fuente para mutuo beneficio de la cultura periodística y la científica.