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Indagar la brecha ética

Acabo de releer un interesante artículo del siempre sugerente Wolfang Donsbach. La traducción al castellano se titula “La brecha ética: por qué los alemanes desestiman a los periodistas y no confían en ellos”. Si bien es cierto que habla de un caso nacional particular, el análisis de las causas del desprestigio de la profesión periodística es aplicable al contexto internacional. En primer lugar, sostiene que una de las causas es la inflación de medios propiciada por las facilidades de la tecnología digital: la consiguiente inflación de periodistas hace que éstos dejen de ser una clase distinta y socialmente reconocida por sus audiencias. Por otro lado, alude a la repetición de escándalos mediáticos –plagios, empleo de escuchas y otras técnicas abusivas para la obtención de exclusivas, etc.-, que afectan a la valoración social del periodismo. El peso cada vez mayor de los factores económicos en las decisiones editoriales, la acumulación de noticias negativas en los espacios informativos periodísticos, y la convivencia indistinguible, en el escenario digital, entre información generada por profesionales y la compuesta por practicantes espontáneos del derecho a la información, son otras de las causas que provocan el desprestigio de los periodistas. Acertar con el diagnóstico de las causas es el principio adecuado para dar con el tratamiento conveniente. Y aquí Donsbach y su equipo, lejos de improvisar, fundamentan el diagnóstico en una sólida investigación. Atacando esos focos de desprestigio quizá se pueda restaurar el valioso activo de la credibilidad periodística

Silbidos de ruiseñor

Algunos informes relevantes del Pew Research Center apuntaban hace ya unos años, entre sus conclusiones, que la audiencia en el nuevo escenario digital estaba solicitando cuatro cosas a los medios periodísticos: la gente quiere acceso sencillo a las noticias específicas que demanda; una continua actualización; estar en condiciones de utilizar esa información en una comunidad amplia; y que los medios informativos le permitan tener de qué hablar, debatir, responder a preguntas, e incluso que le ayuden a conocer personas que piensen de modo similar o que defienda posturas distintas para pensarlas y ensayar argumentos en contra.
La presencia activa del director del diario El Mundo en Twitter (@pedroj_ramirez) es un interesante movimiento en este proceso de adaptación de los medios tradicionales al ámbito digital. Está consiguiendo crear comunidad -círculos de confianza- en torno al medio y generar capital cívico al nutrir la conversación.
Son muchos los que hablan últimamente del cambio del periodista que se convierte de gestor de información en gestor de audiencias. Y cuando es el diario de gestión y decisión de un director el que –con breves twetts- se introduce en los cenáculos de la comunidad, el interés de sus intervenciones enriquece sin duda la conversación pública. Además, en el acuciante debate sobre los modelos de negocio del periodismo, la estrategia puntual trasluce una creencia: la apuesta por la rentabilidad social genera a largo plazo rentabilidad económica.

Un escenario creativo

En el informe sobre la prensa americana que publicaba en su último número de 2009 Columbia Journalism Review, se anunciaba un futuro orientado hacia la información local y a la especialización. El camino que marcan es interesante. “Cuando los periódicos reducen drásticamente su personal para reducir costos y sobrevivir, puede menoscabarse también el valor de las informaciones para sus lectores y para las comunidades a las que sirven”. Luego constatan que “con la crisis se degüella a miles de periodistas capacitados, que quedan disponibles para iniciar nuevos tipos de organizaciones locales”. Esto prepara, siempre para CJR, un escenario esencialmente creativo de grupos valiosos pero más reducidos que tratarán de hacer “muchas cosas a la vez: publicar en forma impresa y digital, buscar nuevas formas de atraer al público y a los anunciantes, inventar nuevos productos y fuentes de ingresos, y encontrar socios para ayudarles a producir noticias de alta calidad a menor costo”.
Semejante diagnóstico es todo un desafío para las universidades de Periodismo, sobre todo para las que próximamente afrontan la nueva era de Bolonia. Reclama una formación más interdisciplinar, la promoción de actitudes esencialmente emprendedoras y una profundización enérgica en el carácter de servicio al ciudadano –interés público que no interés del público- que es esencial al Periodismo.

Elogio de la duda

Así titula Antoni Puigverd un interesante artículo en La Vanguardia. Según él, en el universo masificado de los blogs se tiende con gran facilidad al comentario taxativo, radical e irrefutable. Este sensacionalismo es la manera de distinguirse. Y las webs informativas corren riesgo de contagio con semejante práctica. Por eso, Puigverd recomienda el sano ejercicio de la duda en el periodismo: "Desconcierta y fatiga, sí, pero fomenta la prudencia y cultiva el respeto".
Pienso que un buen protocolo al respecto es el método de verificación utilizado en su día por Sandra Rowe, directora del Oregonian de Portland, que consistía en interrogar a los textos ya elaborados con preguntas al estilo de “¿Cómo hemos sabido esto?¿Por qué debería el lector creer eso otro?¿Qué suposiciones oculta esta frase?”. En definitiva, esta técnica de verificación realizada conjuntamente por editores y redactores, pretende “crear un ambiente en el que se pueda cuestionar un artículo sin cuestionar la integridad del reportero”.
No cabe duda que sobre esta base se edifica la confianza de los lectores. Y resulta afortunada la frase de Vaclav Havel traída a colación por Puigverd y aplicada a la actitud del periodista: "Cada día tengo más miedo de dejar de ser alguien en quien se pueda confiar".

Una muestra del valor añadido periodístico

Hace unos días leí una noticia sobre la que vengo pensando estos días. La mañana del pasado 16 de noviembre, un servicio inspirado en twitter de la agencia pública de noticias belga difundía el siguiente mensaje: "La reina Fabiola acaba de fallecer. Ha muerto al saber del divorcio de los príncipes Laurent y Claire". Periodismo ciudadano dixit, sin los necesarios cortafuegos, pues llegaba precedida del distintivo Belga/ Ihavenews. be.
Pero lo más interesante viene después: no consta que ningún medio picara y la difundiera como cierta.
Si el periodismo trabaja con esta disciplina de verificación ante las muchas veces beneficiosa participación ciudadana, entonces vamos bien. Estará respondiendo eficazmente a la que John Lawton llamó "gran paradoja de la era de la información", su capacidad de conceder una nueva respetabilidad a la opinión desinformada.

Fuentes periodísticas en la era internet

Para la gestión de fuentes es crucial adaptarse profesionalmente a las posibilidades despertadas en este ámbito por la tecnología digital. Transparencia, fácil acceso y fluidez de intercambio: tesoros escondidos en ese correcto acomodo. Y un error funesto para la independencia, para la veracidad: que el periodista se convierta en simple corréa de transmisión. Vuelve a avisar de la emergencia el libro “El periodismo en la era internet”, coordinado por María Pilar Diezhandino, que no es un simple ensayo valorativo sino un análisis diagnóstico de la realidad: “Otro rasgo característico de la actual práctica informativa es el abandono paulatino del trabajo con fuentes propias. Fuentes directas, justificadas, atenidas al tema, en número suficiente para contar bien la historia y expresamente mencionadas, en justa correspondencia con la necesaria credibilidad que el periodismo requiere”. Brillante descripción de lo que es y de lo que debería ser el trabajo del periodista con sus fuentes.

Objetividad y/o transparencia

Me ha parecido sugerente la clarividencia con la que Paul Bradshaw explica en Online Journalism Blog la relación entre objetividad y transparencia, y cómo el funcionamiento de los nuevos medios puede reforzar la primera apoyándose en la segunda.
“Imagina que eres un periodista en prácticas que ha crecido en el mundo Web 2.0: un miembro de un sin número de grupos de Facebook, firmante de un docena de encuestas on-line, con imágenes de protestas y manifestaciones colgadas en las galerías de Flickr (…)”. Tú perfil “no sólo habla de tu sexo, origen étnico, religión, estado civil (…)”. Bradshaw se atreve entonces con una pregunta retórica: “¿Puede una oferta de trabajo en el Washington Post, hacerte cortar todos los lazos con tu vida anterior y borrar todos los registros de tu existencia previa como requisito para unirte a la reclusión monástica de la objetividad periodística?”.
Efectivamente, “los periodistas tienen opiniones. Y amigos. Y se basan en fuentes de fácil acceso”. Pero al lector, para encuadrar lo que lee, le puede valer si el periodista autor da la cara, si es transparente acerca de sus afinidades, en un universo tan pluralista como el actual.
No obstante es importante asumir que no hablamos de lo mismo. Verdad periodística y objetividad de método confluyen no tanto en la simple transparencia como en la llamada disciplina de verificación que esta ha de reflejar, una ascesis del profesional del periodismo que lo eleva por encima de la multiplicidad de comunicadores.Como David Weinberger argumenta en una cita de este mismo artículo, la "transparencia subsume la objetividad: cualquier persona que afirme la objetividad debe estar dispuestos a respaldar esta afirmación y dejarnos ver las fuentes, los desacuerdos y los supuestos y valores personales”. A esto la tecnología digital puede contribuir de manera relevante.

La conquista de la autoridad

Una de las más reconfortantes tendencias apuntadas por el informe anual 2009 del Project for Excellence in Journalism (PEJ) es la que plantea la posible reconversión de las empresas, con una influencia y protagonismo crecientes de los periodistas individuales que más valen a costa de las empresas. Una buena noticia para la independencia del periodista en medio de tantas crisis financieras en el sector.En el actual universo informativo, complejo, atomizado y desinstitucionalizado, en el que la generación de noticias está del todo liberalizada, se revaloriza el periodista individual, que seguirá presentándose como algo valioso ante su público. Cierto que tendrá que conquistar o mantener su autoridad ejercitando valores profesionales tales como la disciplina de verificación y una contrastable y cualificada lealtad al ciudadano. Todo un reto. Pero quien lo consiga se ganará el toque de distinción necesario en los mares de la sobreabundancia informativa.
En esta línea de una excelencia descarada, leo a Peter R. Kahn, que animaba hace pocos años al periodismo a elevar el nivel de su propio estándar, a enfrentarse a si mismo y purificarse de sus defectos corporativos: superar su tendencia a lo efímero y su fascinación por lo macabro, lo perverso, lo patológico. Eso que lo hagan -ya lo hacen- otros. Por contra habrá que buscar la distinción -decía Kahn- en un paradigma alternativo al del conflicto, que encorseta la creatividad.

Convergencia y círculos de confianza

Si todo el mundo, con la llegada de Internet, se convierte en potencial generador y difusor de noticias, estas se multiplican. El ecosistema informativo pasa de la sobreabundancia a la asfixia, porque resulta difícil distinguir el saludable oxígeno de los aires viciados. El toque de distinción de la información adjetivada como periodística –basada en la disciplina de verificación, en la desinteresada búsqueda de la verdad y en una feroz independencia- puede sanear algunos hábitats al conseguir crear a su alrededor comunidades de confianza con sus lectores. Esta fidelización conduce a una rentabilidad basada en la calidad, que la acertada gestión de una audiencia participativa en el interno de esos círculos de confianza no hará sino fortalecer.

En la convergencia de redacciones –digital e impresa- las cabeceras con historia se asocian a contenido fiable y a disciplinas periodísticas consolidadas. Ya estaría dado pues el primer paso para la creación de círculos de confianza. Se crea así la marca informativa que añade al prestigio el factor multiplicador de la edición on-line. En este sentido, resulta interesante seguir la evolución del Daily Telegraph, uno de los mitos de la tinta impresa que, ya desde hace meses, camina en firme en los senderos de la integración.