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¿Y si el periodismo se aplica?

Excelencia profesional, calidad del periodismo. Disciplina de verificación. Sí, desde luego. Pero es difícil aspirar a tan nobles ideales en un contexto de precariedad económica y de fin del modelo de negocio como el actual. Dejando para otro momento si es antes el huevo o la gallina –si la reactivación económica depende de una incondicional inversión en valores distintivos del periodismo- lo que parece indudable es que si encontráramos un modelo de negocio con futuro las aspiraciones se volverían más cercanas. Pienso en esto porque hace pocas horas me he decidido a pagar por una aplicación de Android de naturaleza informativa. Un coste irrisorio, cierto. Pero tan económico como real. Desde que hace años oí en un Congreso que la lógica de los micropagos a través del móvil puede ser un modelo de negocio válido para el periodismo, no ha dejado de interesarme como estrategia a valorar. Hoy releo en una interesante presentación que, además, esta lógica es compatible y atractiva para los amantes del “fridability”, aquellos que, de manera particularmente detenida, consumen contenidos periodísticos en fin de semana. Los medios informativos desarrollando apps de pago –micropago- mimando el diseño y pensando en ese consumidor de fin de semana: puede ser una salida factible, no lo descarto. Y corren tiempos válidos para asumir riesgos.

Sello de autenticidad en la marea digital

En medio del flujo incesante de información que circula por las redes, el valor añadido del periodismo ha de ser la exigente disciplina de verificación. Lo audiovisual -con su fuerza de atracción y su poderoso impacto- puede provocar bandazos significativos hacia la desinformación: una imagen nos puede hacer creer que el decorado azul es rojo. Son muy valiosos en este sentido los esfuerzos del periodismo por verificar los contenidos audiovisuales que circulan por la red antes de presentarlos en un medio tradicional como válidos. No hay que olvidar que la marca pone el sello de autenticidad, garantiza institucionalmente el contenido publicado. La BBC aportó ya hace unos meses una sencilla y clara lista de consejos para determinar la veracidad de vídeos y fotografías. En primer lugar animaba a hablar con la fuente original del material, pues esto va a hacer que el periodista forme rápidamente un sentimiento instintivo acerca de si la persona está diciendo o no la verdad. La BBC reconoce que, en ocasiones, puede que no sea posible o incluso que no resulte conveniente hablar con un activista cuya vida estará en peligro si le identifican. Pero guardar las cautelas necesarias no debe convertirse en una renuncia inmediata a este principio. Los consejos de la BBC son prudentes pero alientan a aprovechar unas fuentes que, muchas veces, acercan la realidad lejana y escondida al periodista: aconseja la BBC que si el material parece demasiado bueno para ser verdad, conviene ser escéptico, pero manteniendo la mente abierta. Otro consejo valioso: utilizar a expertos locales, cuyo conocimiento de las ciudades puede ser determinante para asesorar si las imágenes y videos muestran el lugar pretendido. La tecnología también puede ayudar: herramientas universales como Google Earth (para confirmar que las características de la supuesta ubicación que la foto) y TinEye enormemente útiles en este punto. En definitiva, lo de siempre en tiempos distintos: esfuerzos prácticos para reconquistar la credibilidad.

Storytelling y news media

En una interesante entrevista publicada recientemente en el Corriere de la Sera, Arianna Huffington hablaba de la revolución que para la comunicación política había supuesto el modus operandi de Barack Obama. No le falta razón. Pero el exitoso camino hacia el Despacho Oval del primer presidente afroamericano no se reduce, a mi entender, a una cuestión de acertado uso instrumental de las nuevas tecnologías. No menos relevante es su combinación con otra estrategia de marketing político de contrastada eficacia: el storytelling.
Allende los mares y, como escribe el profesor de periodismo Evan Cornog, de la Universidad de Columbia, “la clave del liderazgo norteamericano y el secreto del éxito presidencial, residen, en gran medida, en el storytelling”. Según Cornog, “los que han buscado conquistar el más alto cargo han tenido que contar a aquellos que tenían el poder de elegirlos historias convincentes sobre la nación, sus problemas y, ante todo, sobre sí mismos”. Para lograrlo el recién estrenado presidente estadounidense ha mivilizado efectivamente todas las vías a su alcance y ha sabido contar su historia, de un modo u otro, a través del móvil, de YouTube, de las redes sociales y hasta desde las videoconsolas.
La simbiosis entre estos dos elementos han hecho que la obamiana sea seguramente una campaña de referencia en la política contemporánea. De ella se pueden sacar lecciones por la capacidad de aglutinar a una entera nación en un relato convincente, sirviéndose sin recato y con acierto de todas las prestaciones tecnológicas de los news media. Algunos hablan ya, incluso, de imperio de la narratividad.

Universidad, ciencia y periodismo... enredados

Acabo de leer en un diario especializado que la Universidad de Yale está poniendo en marcha un proyecto para mejorar la cobertura de noticias científicas. Bienvenido sea. Según parece, esta institución ha creado el sitio Yale Environment 360 (que tiene ya su edición en castellano)en el que los periodistas y los investigadores comparten conocimientos y abren interrogantes en temas que exigen una notable especialización, como el cambio climático. También la Universidad de Princeton ha creado un sitio centrado en material de vídeo.
Las iniciativas de las prestigiosas universidades norteamericanas muestran una vez más que el periodista debe incrementar sus fuentes ya no tanto en los despachos de expertos o en los pasillos oficiales. Existen unos nuevos caladeros en las redes sociales cualificadas. Para el periodismo, la convergencia con el mundo on-line no es solo cuestión de mobiliario. Supone también adentrarse en los foros universitarios, en las conversaciones y contactos digitales de estas redes de conocimiento, que se autoenriquecen con el intercambio mutuo de los académicos, y se erigen, por tanto, en valiosa fuente para mutuo beneficio de la cultura periodística y la científica.

Redes cualificadas

En su libro “Mentiras” (Barcelona 2005, Destino), Xavier Mas de Xaxas, sostiene que los medios “podrán ser mejores motores del progreso y la justicia si sacan provecho del conocimiento de los ciudadanos que no son periodistas pero que saben más que los periodistas”. Cuando Internet, en sus primeros pasos, hizo su entrada en la escena universitaria, facilitó la creación de unas redes de conocimiento que, desde entonces, no han hecho sino enriquecerse. El auge de las redes sociales y el reclamo que éstas suponen para el periodista, conducen a una pregunta en forma de desafío: ¿están los periodistas especializados inmersos ya en esas redes sociales cualificadas? De no ser así, conviene por tres razones: el beneficio del periodismo, que discurriría más cercano a las vanguardias de la verdad; el del mundo académico, que ganaría posiciones en la denostada conexión comunicativa con la sociedad; y el bien del ciudadano que se aproximaría al ideal del conocimiento equivalente y necesario para ser soberano de sus decisiones y convicciones en el escenario de la opinión pública.

Si el periodista extiende sus redes

Varios analistas escriben estos días sobre la importancia de que los periodistas entren de lleno en el mundo de las redes sociales. No es nueva la importancia que en esta profesión tienen los contactos. La agenda es el gran tesoro, la tarjeta de presentación de todo periodista. Por eso, si al profesional le sirven las redes sociales a la extensión y cualificación de su agenda, bienvenidas sean. Seguro que serán fuente caudalosa de temas cercanos a su audiencia y oportunidad para la obtención de datos y verificaciones. Al final es lo de siempre: la herramienta es buena, idónea incluso. Sus reales aportaciones dependerán del uso esmerádamente profesional que se le de.