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Narrativa y objetividad

De la interesante conferencia de Jill Abramson The importance of narrative, en el siempre sugerente espacio de Conversaciones, un grupo de profesores de Comunicación -en una conversación posterior ya de vuelta a casa- conveníamos con ella en dos cosas.
Por un lado en la necesidad de reconducir el ocaso de las humanidades que inunda las universidades y que tanto afecta a la narrativa. Y renovábamos nuestra ilusión por inspirar en nuestras aulas y entre nuestros alumnos el gusto por las grandes historias humanas. Primero por leerlas, verlas o escucharlas. Luego por contarlas: alentar la ambición de nuestros estudiantes -futuros periodistas- por emular a esos grandes narradores. Interesante en esta línea el trailer que presentaba esta tercera edición de Conversaciones.
En segundo lugar compartíamos su concepción de la objetividad como amplitud de mente, honestidad intelectual abierta a opiniones informadas diferentes a las propias, pero amante y defensora de una verdad que, alcanzada con esfuerzo, no deja indiferente. Por tanto, no solo admite sino que reclama la narración brillante, emocionada, vital y comprometida de esa verdad.

¿Has dicho "objetividad"?

¿Y si nos atrevemos a definir la objetividad? Parece la misión imposible de la ensayística del periodismo. A mí, en su día, me gustó la de Arcadi Espada: "La objetividad, ese misterio, no es más (¡nada más!) que la posibilidad de describir los hechos con independencia de las convicciones". A partir de ahí, ensayo unas humildes propuestas. Leal desprendimiento -tan acérrimo enemigo de la arrogancia como de la veleidad- de la propia convicción cuando la realidad, ascéticamente buscada y verificada, según principios profesionales, la contradice. Pasión tal por la verdad, que es capaz de anteponer y reconocer la pertinacia de los hechos comprobados, cuando estos desmontan iniciales y convincentes evidencias.

Objetividad y/o transparencia

Me ha parecido sugerente la clarividencia con la que Paul Bradshaw explica en Online Journalism Blog la relación entre objetividad y transparencia, y cómo el funcionamiento de los nuevos medios puede reforzar la primera apoyándose en la segunda.
“Imagina que eres un periodista en prácticas que ha crecido en el mundo Web 2.0: un miembro de un sin número de grupos de Facebook, firmante de un docena de encuestas on-line, con imágenes de protestas y manifestaciones colgadas en las galerías de Flickr (…)”. Tú perfil “no sólo habla de tu sexo, origen étnico, religión, estado civil (…)”. Bradshaw se atreve entonces con una pregunta retórica: “¿Puede una oferta de trabajo en el Washington Post, hacerte cortar todos los lazos con tu vida anterior y borrar todos los registros de tu existencia previa como requisito para unirte a la reclusión monástica de la objetividad periodística?”.
Efectivamente, “los periodistas tienen opiniones. Y amigos. Y se basan en fuentes de fácil acceso”. Pero al lector, para encuadrar lo que lee, le puede valer si el periodista autor da la cara, si es transparente acerca de sus afinidades, en un universo tan pluralista como el actual.
No obstante es importante asumir que no hablamos de lo mismo. Verdad periodística y objetividad de método confluyen no tanto en la simple transparencia como en la llamada disciplina de verificación que esta ha de reflejar, una ascesis del profesional del periodismo que lo eleva por encima de la multiplicidad de comunicadores.Como David Weinberger argumenta en una cita de este mismo artículo, la "transparencia subsume la objetividad: cualquier persona que afirme la objetividad debe estar dispuestos a respaldar esta afirmación y dejarnos ver las fuentes, los desacuerdos y los supuestos y valores personales”. A esto la tecnología digital puede contribuir de manera relevante.