Narrativa y objetividad
Por un lado en la necesidad de reconducir el ocaso de las humanidades que inunda las universidades y que tanto afecta a la narrativa. Y renovábamos nuestra ilusión por inspirar en nuestras aulas y entre nuestros alumnos el gusto por las grandes historias humanas. Primero por leerlas, verlas o escucharlas. Luego por contarlas: alentar la ambición de nuestros estudiantes -futuros periodistas- por emular a esos grandes narradores. Interesante en esta línea el trailer que presentaba esta tercera edición de Conversaciones.
En segundo lugar compartíamos su concepción de la objetividad como amplitud de mente, honestidad intelectual abierta a opiniones informadas diferentes a las propias, pero amante y defensora de una verdad que, alcanzada con esfuerzo, no deja indiferente. Por tanto, no solo admite sino que reclama la narración brillante, emocionada, vital y comprometida de esa verdad.
Caché de influencia
Algo grande va a pasar
Tiene todo un mes para terminar de cocinar a fuego lento lo que puede ser un menú exquisito de buen periodismo, un nuevo medio que, no me cabe duda, será parte de la historia del periodismo y quizá de la democracia de este país. Cuando hace años dejó un periódico para fundar otro tenía muchos menos recursos tecnológicos que los que ahora tiene. Y tenía también entonces menos grandes profesionales esperando la llamada. Y menos aprendices, nativos digitales, deseando entrar en el draft de una aventura tan grande. E hizo lo que hizo, al estrenar los noventa, el mundo del siglo XXI.
El quería seguir en su Mundo, cierto. Pero ni en sueños se las ha visto tan doradas como se le presentan ahora. Sacará un medio por Año Nuevo. Nuevo y electoral. Decisivo como pocos. Apasionante. Un regalo de los Magos a nosotros, opinión pública, a nosotros, demos debilitado, que después de invernar, en un dormitar irresponsable y soez, empezamos a despertar a base de palos.
¿Cómo será ese nuevo medio? A los niños, como esto será por Reyes, se nos permite soñar. Y ahora pedimos sobre todo independencia, que llevamos ya muchos años secuestrados por la rentabilidad económica del periodismo y el aprovechamiento político de esas sogas que tanto atenazan. El entorno digital permite ahora nuevos ingenios sostenibles, rentables inclusive. De pago, sí. Micropagos, que no está el horno para grandes desembolsos (aunque lo valga el buen periodismo). Pero mejor el muchos pocos de los 287 K y subiendo. También mediante el micromecenazgo, que ya triunfa en algunos focos allende los mares. Así se descentralizan los recursos, se atomizan, y no se está atado más que por la lealtad al ciudadano.
¿Los contenidos? Serán generalistas, sí, tirando de agencia para el fluir cotidiano, espolvoreado quizá por el suave condimento del contexto. Pero brillarán en sus páginas, sobre todo, los temas propios. Temas de investigación, relevantes, que es desde siempre su especialidad: función vigilante de cuarto poder. Sin entretenerse en exceso en chascarrillos de ladronzuelos de medio pelo. No sometidos a los rigores del espasmódico tempus mediático actual, sino al que marque una verificación que, eso sí, hace horas extras y si hace falta le roba horas al sueño.
¿Algo más? Sí, también entrevistas. Que es incisivo el personaje y, ahí sí, atrae audiencias hacia el buen periodismo. Si además le pone una guinda audiovisual, poniéndose ante una cámara experta, entrará en las corrientes sanguíneas de la viralización digital. Y una cosa más, por último, gestión de audiencias. Círculos de confianza, que en la fidelización a la marca está el futuro de estos nuevos periodismos.
Solo amanece cuando ha oscurecido lo suficiente. Y cierto que en el periodismo las tinieblas se han hecho ya bastante recias. Quizá algo importante esté por amanecer allá por el Año Nuevo.
¿Y si el periodismo se aplica?
Indagar la brecha ética
Sello de autenticidad en la marea digital
Por caminos locales
Dice una vez más CJR que “en Modesto, California, la necesidad de noticias es muy superior que el suministro actual de información”. Yo no lo conocía: al parecer se trata de una ciudad de unos 200.000 habitantes a noventa y dos millas al Este de San Francisco. Su dibujo mediático es simple: “un periódico de tamaño medio, una gran población hispana, el 16 por ciento de desempleo, y la segunda tasa más alta de robo de automóviles en el país”.
Tiene razón CJR cuando explica que hay en el mundo cantidad de pequeñas ciudades y pueblos con unos datos demográficos que no atraen a los empresarios, con intereses informativos tan diversos como asequible es su cobertura. Los residentes, por lo general menos digitales que los habitantes de zonas urbanas, siguen confiando en los medios tradicionales de comunicación.
¿Es posible que en el mundo global existan salidas de hiper-especialización no tan solo temáticas, sino también territoriales? Insisto en que la idea no es nueva: lo que dudo es si está suficientemente investigada.
Estar a la altura
Alabo la pertinencia de esa reedición por lo interesante y actual que resulta considerar la relevancia que, en tan turbulentos tiempos, tiene una reflexión a fondo sobre el Periodismo y su función social. “Lo que el periodismo necesita es una crítica mayor y mejor”: lo necesitaba entonces y lo necesita ahora. Hace falta ese esfuerzo continuo por “evaluar el desempeño del Periodismo” y por “redefinir los estándares de servicio honesto, responsable” que el Periodismo ha de prestar a la sociedad. Una revista como CJR pretendía desde su origen “estimular la mejora continua” de una profesión en la que se “combina el desapego necesario para ser razonablemente imparcial, con la experiencia profesional suficiente para distinguir lo que es posible de lo que no lo es”. Genial.
Si hace cincuenta años, CJR percibía, dentro y fuera de la profesión, “una inquietud generalizada por el estado del periodismo”, es evidente que esas inquietudes no se han desvanecido. Ha habido avances, pero también retrocesos, y es claro que el Periodismo “todavía no está a la altura de las complicaciones de nuestra época”.
Pienso esto y lo escribo, en el día segundo de campaña electoral en mi país, después de haber leído los periódicos que informan sobre lo dicho y hecho en el día de ayer por los candidatos. En las dos semanas que vienen necesitamos e imploramos al Periodismo, a los periodistas, que estén a la altura. También hace algo más de cincuenta años la Comisión Hutchins le pedía al Periodismo estar a la altura, en los convulsos tiempos de la guerra fría, al pedirles que “en términos de calidad informe con tal escrupuloso cuidado por la verdad total y por la equidad de su presentación, que el pueblo americano, a través del ejercicio de la conciencia y la razón, pueda tomar las decisiones fundamentales para la dirección de su gobierno y su vida”. También ahora, en estas dos semanas, así sea.
Profesionales que yerran
Ikea y el periodismo
Biopsia del acontecer
Sea como fuere, será necesario cortar en algún punto y decir: “mire usted, de aquí a este otro momento, ésto es lo que ha sucedido”. Ahí marcarán lo relevante para entender y dar a entender el mundo.
Estoy con Arcadi en que esa es una necesidad de los ciudadanos que el periodismo ha de atender: necesitan la selección, la jerarquización, la estructuración y el contexto de la periodicidad que nos de un corte y como en una biopsia analice con detenimiento el flujo y nos diga lo que, en realidad, sucede.
Silbidos de ruiseñor
La presencia activa del director del diario El Mundo en Twitter (@pedroj_ramirez) es un interesante movimiento en este proceso de adaptación de los medios tradicionales al ámbito digital. Está consiguiendo crear comunidad -círculos de confianza- en torno al medio y generar capital cívico al nutrir la conversación.
Son muchos los que hablan últimamente del cambio del periodista que se convierte de gestor de información en gestor de audiencias. Y cuando es el diario de gestión y decisión de un director el que –con breves twetts- se introduce en los cenáculos de la comunidad, el interés de sus intervenciones enriquece sin duda la conversación pública. Además, en el acuciante debate sobre los modelos de negocio del periodismo, la estrategia puntual trasluce una creencia: la apuesta por la rentabilidad social genera a largo plazo rentabilidad económica.
Cada mochuelo a su olivo
De la reunión de los directivos de los cinco medios protagonistas del affaire Wikileaks, destacaría un asunto. Lo que cuenta Georg Mascolo (Der Spiegel). Es interesante que su edición escrita tiene periodicidad semanal. Esto es un cambio de perspectiva: la adaptación al on-line de un semanario. El resto de los participantes son diarios. Según cuenta, su fundador siempre soñó con tener un diario. Con internet lo tiene: sueño cumplido. Pero no se canibaliza. Huye de la convergencia redaccional: cada mochuelo a su olivo. La redacción de información diaria, a la web. Para la edición impresa, otros periodistas, dirigidos de otro modo, viendo la actualidad con otra perspectiva: tempus mediático diverso, estrategia de cobertura diferente, soporte distinto, escrito para una inteligencia de imprenta más serena y reposada, de sillón de orejas. Interesante planteamiento de la adaptación on-line: ¿y si El País o El Mundo solo apareciesen impresos los viernes tarde y dejaran lo diario a la permanente actualización del soporte digital?
Análisis a vuelapluma
¿Es o no periodismo?
Todos los elegidos (El País, Le Monde, New York Times, The Guardian y Der Spiegel) trabajan y abren sus ediciones desde hace unos días partiendo de las filtraciones difundidas. Los medios postergados (The Independent es uno de ellos) buscan las cosquillas a la validez de las revelaciones. Es un contexto sin duda adecuado para que salten liebres cuando algo no esté bien contrastado. El profesionalismo periodístico debe rumiar bien aquello que recibe. Y destapar si las hay oscuras intenciones en las fuentes. Por eso es importante la mediación periodística.
Wikileaks no es periodismo: es una fuente más que se ha puesto a manar. Esta por ver si interesadamente. Dilucidar esto corresponde, ahora sí, al periodismo, que no ha de dejarse llevar por fratricidas luchas en busca de frenéticas exclusivas ni por fascinaciones descontroladas. Ojo que el gran problema del actual escenario informativo no es tanto la escasez sino la sobreabundancia y la dispersión. Convertir la información en conocimiento es la habilidad fundamental del periodista, descubrir formas de desbrozar la abundancia en lugar de aumentarla, formas de iluminar más que de dispersar.
Porque imaginen además –como hace Andrés Montero- a un profesional de las operaciones psicológicas de la CIA usando a una marioneta como Assange: “Esto de las filtraciones tenemos que ponerlo en positivo, controlarlo nosotros: es la única manera de que consigamos que dejen de provocarnos problemas con la opinión pública (…). La manera de hacerlo es montar nuestro propio portal de filtraciones, encontrar medios y periodistas que tengan rasgos de personalidad que los hagan más o menos influenciables, alguien con espíritu justiciero e idealista, experiencia en activismo, una dosis de rasgos narcisistas y autoritarios y un ego de considerable magnitud”. ¿Una interesante película de ficción? Por el momento, sí. Por cierto, me gustaría estar en Der Spiegel y tener, para esto, el sereno, reflexivo y enérgico sosiego de la periodicidad semanal.
Un nuevo periodismo de investigación
Si para muchos el nuevo universo digital promociona un periodismo especializado y local, es posible pensar en unos medios periodísticos digitales altamente especializados, trabajando en el seno de las universidades y dedicados a un periodismo de investigación que aunara la actualidad con el rigor de los expertos y el método científico.
Estoy hablando, por ejemplo, de un grupo de dos periodistas profesionales trabajando con nómina de la facultad de medicina de cierta universidad de prestigio, que preparase la elaboración de un reportaje sobre el verdadero alcance de una determinada pandemia, para luego venderlo a otros medios. Quizá estos periodistas llevarían también el blog periodístico de la universidad, que aunara las diversas facultades. ¿Ventajas para la universidad? Notoriedad pública, promoción de la investigación e ingresos extras. ¿Para el periodismo? Profundidad en el tratamiento de la información, disciplina de método de verificación y actualidad no sometida a plazos.
Reconocimiento significativo
No obstante hay que guardar especial vigilancia a la independencia de los profesionales con respecto a las donantes que financian los trabajos. De lo contrario podríamos caer en una conversión de los periodistas en una suerte de detectives-mercenarios-a-sueldo encargados de tumbar -mediante informes- a los competidores de quienes financian estas agencias
Alfabetización en noticias
El segundo concepto a resaltar es el de "alfabetización en noticias", urgente tarea en el escenario de la sobreabundancia informativa: "es fundamental enseñar a los jóvenes a distinguir entre el buen y el mal periodismo para que tengan capacidad crítica". Pienso que se trata de un concepto paralelo a la educación de la atención al que se refirió en su día Hanah Arendt. Intelectualmente es más exigente que el periodismo de refugio, para el periodista y para una audiencia que también busca sus refugios. Por eso el infoentretenimiento es tan devastador para la "alfabetización en noticias". Se quiera o no, no es lo mismo ir a la escuela que al parque de atracciones.
Objetividad y periodismo de declaraciones
No pocas veces los académicos que se han detenido a analizarla, han agrupado bajo la denominación “periodismo de declaraciones” todo este tipo de licencias. Con ese modo de actuar, desde luego que el periodista no toma partido: se limita a exponer las opiniones, a dar taquigráfica cuenta de la visión de otros, sin incorporar valor añadido alguno en forma de verificación. Y esto por una equivocada comprensión de la objetividad según la cual cualquier cesión a la intervención personal del periodista habría de ser considerada manipuladora. Es así como el periodismo de declaraciones parece convertirse en la mejor forma de evitar visiones parciales de los sucesos acontecidos: es permitir a la audiencia oir sonar las dos campanas recogiendo las declaraciones textuales de quiénes opinan de una manera y de los que opinan de modo diverso. Sin embargo, sus críticos alertan de los efectos distorsionadores de semejante práctica. Gabriel Galdón, por ejemplo, dijo ya hace años que “cuando existe una controversia entre los expertos, el criterio objetivista de recoger todas las opiniones, hacen que se metan en el mismo saco las insustanciales y las que tienen un fundamento sólido, sin dar al lector los medios para valorarlas. Se hurtan los aspectos sustantivos y se convierte en noticia la polémica misma” (GALDÓN G. Desinformación. Métodos, aspectos y soluciones, Pamplona, 1994: 38).
La manera de desequilibrar la balanza es simple e imita a la praxis parlamentaria: la última palabra corresponde siempre al partido mayoritario. Y como dice Arcadi Espada, "cuando el periodismo incorpora a su trabajo semejante mecanismo destroza el fundamento de su lugar en el mundo (la mediación) y privilegia la persuación frente a la verdad" (ESPADA, A. Periodismo práctico, Madrid 2008: 126). Por mi parte, solo cambiaría la palabra "mediación" por el compuesto disciplina de verificación. En este caso, aplicado al contenido de las declaraciones.
Un escenario creativo
Semejante diagnóstico es todo un desafío para las universidades de Periodismo, sobre todo para las que próximamente afrontan la nueva era de Bolonia. Reclama una formación más interdisciplinar, la promoción de actitudes esencialmente emprendedoras y una profundización enérgica en el carácter de servicio al ciudadano –interés público que no interés del público- que es esencial al Periodismo.