Narrativa y objetividad

De la interesante conferencia de Jill Abramson The importance of narrative, en el siempre sugerente espacio de Conversaciones, un grupo de profesores de Comunicación -en una conversación posterior ya de vuelta a casa- conveníamos con ella en dos cosas.
Por un lado en la necesidad de reconducir el ocaso de las humanidades que inunda las universidades y que tanto afecta a la narrativa. Y renovábamos nuestra ilusión por inspirar en nuestras aulas y entre nuestros alumnos el gusto por las grandes historias humanas. Primero por leerlas, verlas o escucharlas. Luego por contarlas: alentar la ambición de nuestros estudiantes -futuros periodistas- por emular a esos grandes narradores. Interesante en esta línea el trailer que presentaba esta tercera edición de Conversaciones.
En segundo lugar compartíamos su concepción de la objetividad como amplitud de mente, honestidad intelectual abierta a opiniones informadas diferentes a las propias, pero amante y defensora de una verdad que, alcanzada con esfuerzo, no deja indiferente. Por tanto, no solo admite sino que reclama la narración brillante, emocionada, vital y comprometida de esa verdad.

Caché de influencia

Político, un medio especializado en la política de Washington que publica información a diario a través de la web y en papel una vez a la semana, ha anunciado su desembarco en Europa. El interés de este anuncio radica en la posibilidad de que este medio tenga en el entorno de decisión europeo la misma influencia que tiene ya en los pasillos del Capitolio. Seguir pocos temas y a fondo, es una de las claves de funcionamiento de este medio en Estados Unidos y con esa pretensión llega a los jardines de la Comisión. Como Pennsylvania Avenue, la Rue de la Loi es un hervidero de grupos de presión que seguramente ya están trabajando el nuevo ejercicio con la mirada puesta en este nuevo medio, que trae a Europa el omnipresente grupo alemán Axel Springer. Interesante campo de estudio y de análisis comparativo.

Algo grande va a pasar

Fue breve su último viaje a los procelosos mares del mercado informativo. Y el experto marinero -¿qué esperaba?- vuelve algo magullado: dentelladas de animales, embestidas de piratas, raspaduras de las erizadas rocas que inundan el hábitat marino. Nunca el mar en calma hizo buenos marineros, bien lo sabe este arponero. Y al acercarse ya de nuevo a la costa, algo más restauradas las heridas y remozada la ilusión, retorna para algo grande. Si no, para qué volver.
Tiene todo un mes para terminar de cocinar a fuego lento lo que puede ser un menú exquisito de buen periodismo, un nuevo medio que, no me cabe duda, será parte de la historia del periodismo y quizá de la democracia de este país. Cuando hace años dejó un periódico para fundar otro tenía muchos menos recursos tecnológicos que los que ahora tiene. Y tenía también entonces menos grandes profesionales esperando la llamada. Y menos aprendices, nativos digitales, deseando entrar en el draft de una aventura tan grande. E hizo lo que hizo, al estrenar los noventa, el mundo del siglo XXI.
El quería seguir en su Mundo, cierto. Pero ni en sueños se las ha visto tan doradas como se le presentan ahora. Sacará un medio por Año Nuevo. Nuevo y electoral. Decisivo como pocos. Apasionante. Un regalo de los Magos a nosotros, opinión pública, a nosotros, demos debilitado, que después de invernar, en un dormitar irresponsable y soez, empezamos a despertar a base de palos.
¿Cómo será ese nuevo medio? A los niños, como esto será por Reyes, se nos permite soñar. Y ahora pedimos sobre todo independencia, que llevamos ya muchos años secuestrados por la rentabilidad económica del periodismo y el aprovechamiento político de esas sogas que tanto atenazan. El entorno digital permite ahora nuevos ingenios sostenibles, rentables inclusive. De pago, sí. Micropagos, que no está el horno para grandes desembolsos (aunque lo valga el buen periodismo). Pero mejor el muchos pocos de los 287 K y subiendo. También mediante el micromecenazgo, que ya triunfa en algunos focos allende los mares. Así se descentralizan los recursos, se atomizan, y no se está atado más que por la lealtad al ciudadano.
¿Los contenidos? Serán generalistas, sí, tirando de agencia para el fluir cotidiano, espolvoreado quizá por el suave condimento del contexto. Pero brillarán en sus páginas, sobre todo, los temas propios. Temas de investigación, relevantes, que es desde siempre su especialidad: función vigilante de cuarto poder. Sin entretenerse en exceso en chascarrillos de ladronzuelos de medio pelo. No sometidos a los rigores del espasmódico tempus mediático actual, sino al que marque una verificación que, eso sí, hace horas extras y si hace falta le roba horas al sueño.
 ¿Algo más? Sí, también entrevistas. Que es incisivo el personaje y, ahí sí, atrae audiencias hacia el buen periodismo. Si además le pone una guinda audiovisual, poniéndose ante una cámara experta, entrará en las corrientes sanguíneas de la viralización digital. Y una cosa más, por último, gestión de audiencias. Círculos de confianza, que en la fidelización a la marca está el futuro de estos nuevos periodismos.
Solo amanece cuando ha oscurecido lo suficiente. Y cierto que en el periodismo las tinieblas se han hecho ya bastante recias. Quizá algo importante esté por amanecer allá por el Año Nuevo.

¿Y si el periodismo se aplica?

Excelencia profesional, calidad del periodismo. Disciplina de verificación. Sí, desde luego. Pero es difícil aspirar a tan nobles ideales en un contexto de precariedad económica y de fin del modelo de negocio como el actual. Dejando para otro momento si es antes el huevo o la gallina –si la reactivación económica depende de una incondicional inversión en valores distintivos del periodismo- lo que parece indudable es que si encontráramos un modelo de negocio con futuro las aspiraciones se volverían más cercanas. Pienso en esto porque hace pocas horas me he decidido a pagar por una aplicación de Android de naturaleza informativa. Un coste irrisorio, cierto. Pero tan económico como real. Desde que hace años oí en un Congreso que la lógica de los micropagos a través del móvil puede ser un modelo de negocio válido para el periodismo, no ha dejado de interesarme como estrategia a valorar. Hoy releo en una interesante presentación que, además, esta lógica es compatible y atractiva para los amantes del “fridability”, aquellos que, de manera particularmente detenida, consumen contenidos periodísticos en fin de semana. Los medios informativos desarrollando apps de pago –micropago- mimando el diseño y pensando en ese consumidor de fin de semana: puede ser una salida factible, no lo descarto. Y corren tiempos válidos para asumir riesgos.

Indagar la brecha ética

Acabo de releer un interesante artículo del siempre sugerente Wolfang Donsbach. La traducción al castellano se titula “La brecha ética: por qué los alemanes desestiman a los periodistas y no confían en ellos”. Si bien es cierto que habla de un caso nacional particular, el análisis de las causas del desprestigio de la profesión periodística es aplicable al contexto internacional. En primer lugar, sostiene que una de las causas es la inflación de medios propiciada por las facilidades de la tecnología digital: la consiguiente inflación de periodistas hace que éstos dejen de ser una clase distinta y socialmente reconocida por sus audiencias. Por otro lado, alude a la repetición de escándalos mediáticos –plagios, empleo de escuchas y otras técnicas abusivas para la obtención de exclusivas, etc.-, que afectan a la valoración social del periodismo. El peso cada vez mayor de los factores económicos en las decisiones editoriales, la acumulación de noticias negativas en los espacios informativos periodísticos, y la convivencia indistinguible, en el escenario digital, entre información generada por profesionales y la compuesta por practicantes espontáneos del derecho a la información, son otras de las causas que provocan el desprestigio de los periodistas. Acertar con el diagnóstico de las causas es el principio adecuado para dar con el tratamiento conveniente. Y aquí Donsbach y su equipo, lejos de improvisar, fundamentan el diagnóstico en una sólida investigación. Atacando esos focos de desprestigio quizá se pueda restaurar el valioso activo de la credibilidad periodística

Sello de autenticidad en la marea digital

En medio del flujo incesante de información que circula por las redes, el valor añadido del periodismo ha de ser la exigente disciplina de verificación. Lo audiovisual -con su fuerza de atracción y su poderoso impacto- puede provocar bandazos significativos hacia la desinformación: una imagen nos puede hacer creer que el decorado azul es rojo. Son muy valiosos en este sentido los esfuerzos del periodismo por verificar los contenidos audiovisuales que circulan por la red antes de presentarlos en un medio tradicional como válidos. No hay que olvidar que la marca pone el sello de autenticidad, garantiza institucionalmente el contenido publicado. La BBC aportó ya hace unos meses una sencilla y clara lista de consejos para determinar la veracidad de vídeos y fotografías. En primer lugar animaba a hablar con la fuente original del material, pues esto va a hacer que el periodista forme rápidamente un sentimiento instintivo acerca de si la persona está diciendo o no la verdad. La BBC reconoce que, en ocasiones, puede que no sea posible o incluso que no resulte conveniente hablar con un activista cuya vida estará en peligro si le identifican. Pero guardar las cautelas necesarias no debe convertirse en una renuncia inmediata a este principio. Los consejos de la BBC son prudentes pero alientan a aprovechar unas fuentes que, muchas veces, acercan la realidad lejana y escondida al periodista: aconseja la BBC que si el material parece demasiado bueno para ser verdad, conviene ser escéptico, pero manteniendo la mente abierta. Otro consejo valioso: utilizar a expertos locales, cuyo conocimiento de las ciudades puede ser determinante para asesorar si las imágenes y videos muestran el lugar pretendido. La tecnología también puede ayudar: herramientas universales como Google Earth (para confirmar que las características de la supuesta ubicación que la foto) y TinEye enormemente útiles en este punto. En definitiva, lo de siempre en tiempos distintos: esfuerzos prácticos para reconquistar la credibilidad.

Por caminos locales

No son los primeros en hablar de una estrategia parecida. Tampoco la primera vez que lo oigo. Quizá sea por el contraste: acabo de ver con mis alumnos de 2º de Periodismo el interesante documental “Page One”, que analiza el hipotético escenario de la defunción del New York Times. Periodismo del bueno, ambiciones de excelencia que siguen tambaleantes. Ya digo que quizá sea por considerar la evolución de un medio enorme de referencia o porque todavía resuenan en mis oídos los resoplidos funerarios de mis alumnos, que al leer un informe optimista, una idea esperanzadora que poder sugerir, decido ponerme a escribir, aunque hoy no tocaba.
Dice una vez más CJR que “en Modesto, California, la necesidad de noticias es muy superior que el suministro actual de información”. Yo no lo conocía: al parecer se trata de una ciudad de unos 200.000 habitantes a noventa y dos millas al Este de San Francisco. Su dibujo mediático es simple: “un periódico de tamaño medio, una gran población hispana, el 16 por ciento de desempleo, y la segunda tasa más alta de robo de automóviles en el país”.
Tiene razón CJR cuando explica que hay en el mundo cantidad de pequeñas ciudades y pueblos con unos datos demográficos que no atraen a los empresarios, con intereses informativos tan diversos como asequible es su cobertura. Los residentes, por lo general menos digitales que los habitantes de zonas urbanas, siguen confiando en los medios tradicionales de comunicación.
¿Es posible que en el mundo global existan salidas de hiper-especialización no tan solo temáticas, sino también territoriales? Insisto en que la idea no es nueva: lo que dudo es si está suficientemente investigada.

Estar a la altura

La revista Columbia Journalism Review (CJR) publica de nuevo, en su último número y con ocasión de su cincuenta aniversario, un artículo en el que, en su nacimiento, explicaba su razón de ser.
Alabo la pertinencia de esa reedición por lo interesante y actual que resulta considerar la relevancia que, en tan turbulentos tiempos, tiene una reflexión a fondo sobre el Periodismo y su función social. “Lo que el periodismo necesita es una crítica mayor y mejor”: lo necesitaba entonces y lo necesita ahora. Hace falta ese esfuerzo continuo por “evaluar el desempeño del Periodismo” y por “redefinir los estándares de servicio honesto, responsable” que el Periodismo ha de prestar a la sociedad. Una revista como CJR pretendía desde su origen “estimular la mejora continua” de una profesión en la que se “combina el desapego necesario para ser razonablemente imparcial, con la experiencia profesional suficiente para distinguir lo que es posible de lo que no lo es”. Genial.
Si hace cincuenta años, CJR percibía, dentro y fuera de la profesión, “una inquietud generalizada por el estado del periodismo”, es evidente que esas inquietudes no se han desvanecido. Ha habido avances, pero también retrocesos, y es claro que el Periodismo “todavía no está a la altura de las complicaciones de nuestra época”.
Pienso esto y lo escribo, en el día segundo de campaña electoral en mi país, después de haber leído los periódicos que informan sobre lo dicho y hecho en el día de ayer por los candidatos. En las dos semanas que vienen necesitamos e imploramos al Periodismo, a los periodistas, que estén a la altura. También hace algo más de cincuenta años la Comisión Hutchins le pedía al Periodismo estar a la altura, en los convulsos tiempos de la guerra fría, al pedirles que “en términos de calidad informe con tal escrupuloso cuidado por la verdad total y por la equidad de su presentación, que el pueblo americano, a través del ejercicio de la conciencia y la razón, pueda tomar las decisiones fundamentales para la dirección de su gobierno y su vida”. También ahora, en estas dos semanas, así sea.

Profesionales que yerran

Una vez más toca elogiar el artículo de la Defensora del Lector en El País. A los profesores de Periodismo de la Universidad nos ayuda habitualmente el criterio que se imparte desde esas páginas. En este caso es de particular valor el reconocimiento del error cometido en la información sobre la cooperante española. Una vez más, la urgencia del cierre atropella otras obligaciones del Periodismo. El reconocimiento del error aumenta la credibilidad profesional.

Ikea y el periodismo

Hace unos días tuve la suerte de conversar largo con Xavier Mas de Xaxas, de La Vanguardia. Entre otras cosas sugerentes -que me hacen pensar estos días y que ya escribiré en su momento-, hablamos de Ikea. Y es que en su libro "Mentiras" hace una metáfora ilustrativa de nuestra profesión con la exitosa empresa sueca. "El mueble perfecto -dice- está en los valores (...). A la gente le gusta tanto Ikea porque se identifica con sus valores: sencillez, funcionalidad, sobriedad y modernidad". Primer reto para el periodismo: redefinir los valores (verdad, objetividad, independencia y servicio público). Según Mas de Xaxas la gente acude a Ikea porque "de algún modo cree que Ikea se esfuerza en beneficiarle". Esto es un segundo reto para el periodismo: edificar sobre la lealtad al ciudadano. "Allí no van a darle gato por liebre -otra enseñanza de Ikea al periodismo- y en caso de que así sea podrá recuperar su dinero": nos hace falta un sistema de rectificación eficiente y proporcionado, sin devolver calderilla por asaltos millonarios. "Conoce su austeridad", dice de Ikea y, para el Periodismo, ésta es ahora obligada. "Se fía, a pesar de los nombres impronunciables de sus productos. En ellos encuentra la personalidad y el carácter de la marca". Hay que recuperar la marca periodística aplicada a la información. Y por último una pista a la reflexión en la línea de los llamados prosumers: "Ikea trata a sus clientes con respeto e inteligencia, al contrario que muchos diarios, y a la gente le gusta sentirse útil e implicada. Ikea implica al cliente en el proceso de fabricación (los muebles se montan en casa) a cambio de una rebaja, y él acepta el trato porque lo ve justo y conveniente". Así que, a tomar nota, porque esto es rentable.

Biopsia del acontecer

Entre otras cosas interesantes de mi conversación con Arcadi Espada, resalto sus consideraciones sobre el flujo y la periodicidad. En su opinión, la información circula por la red como la electricidad: apagas el interruptor cuando quieres y te vas, pero ese flujo no cesa. Cuando terminan las noticias de España empiezan las de América, Asia… Ahora bien: los hombres tenemos unos ritmos y el periódico se ha inscrito muy bien en ese ritmo circadiano. Esa periodicidad durante años se ha hecho eficaz: de ese corte –más o menos arbitrario- ésto –dice el periódico- es lo que ha sucedido. Otros cortes (semanal, quincenal o mensual) han sido menos eficaces. El corte diario funciona y sigue siendo pertinente. Y se pregunta Arcadi si ese corte en el mundo de lo que él llama las webs noticiosas, seguirá siendo el adecuado.
Sea como fuere, será necesario cortar en algún punto y decir: “mire usted, de aquí a este otro momento, ésto es lo que ha sucedido”. Ahí marcarán lo relevante para entender y dar a entender el mundo.
Estoy con Arcadi en que esa es una necesidad de los ciudadanos que el periodismo ha de atender: necesitan la selección, la jerarquización, la estructuración y el contexto de la periodicidad que nos de un corte y como en una biopsia analice con detenimiento el flujo y nos diga lo que, en realidad, sucede.

Silbidos de ruiseñor

Algunos informes relevantes del Pew Research Center apuntaban hace ya unos años, entre sus conclusiones, que la audiencia en el nuevo escenario digital estaba solicitando cuatro cosas a los medios periodísticos: la gente quiere acceso sencillo a las noticias específicas que demanda; una continua actualización; estar en condiciones de utilizar esa información en una comunidad amplia; y que los medios informativos le permitan tener de qué hablar, debatir, responder a preguntas, e incluso que le ayuden a conocer personas que piensen de modo similar o que defienda posturas distintas para pensarlas y ensayar argumentos en contra.
La presencia activa del director del diario El Mundo en Twitter (@pedroj_ramirez) es un interesante movimiento en este proceso de adaptación de los medios tradicionales al ámbito digital. Está consiguiendo crear comunidad -círculos de confianza- en torno al medio y generar capital cívico al nutrir la conversación.
Son muchos los que hablan últimamente del cambio del periodista que se convierte de gestor de información en gestor de audiencias. Y cuando es el diario de gestión y decisión de un director el que –con breves twetts- se introduce en los cenáculos de la comunidad, el interés de sus intervenciones enriquece sin duda la conversación pública. Además, en el acuciante debate sobre los modelos de negocio del periodismo, la estrategia puntual trasluce una creencia: la apuesta por la rentabilidad social genera a largo plazo rentabilidad económica.

Cada mochuelo a su olivo

De la reunión de los directivos de los cinco medios protagonistas del affaire Wikileaks, destacaría un asunto. Lo que cuenta Georg Mascolo (Der Spiegel). Es interesante que su edición escrita tiene periodicidad semanal. Esto es un cambio de perspectiva: la adaptación al on-line de un semanario. El resto de los participantes son diarios. Según cuenta, su fundador siempre soñó con tener un diario. Con internet lo tiene: sueño cumplido. Pero no se canibaliza. Huye de la convergencia redaccional: cada mochuelo a su olivo. La redacción de información diaria, a la web. Para la edición impresa, otros periodistas, dirigidos de otro modo, viendo la actualidad con otra perspectiva: tempus mediático diverso, estrategia de cobertura diferente, soporte distinto, escrito para una inteligencia de imprenta más serena y reposada, de sillón de orejas. Interesante planteamiento de la adaptación on-line: ¿y si El País o El Mundo solo apareciesen impresos los viernes tarde y dejaran lo diario a la permanente actualización del soporte digital?

Análisis a vuelapluma

Coincido con algunos otros analistas de la prensa en alabar la portada del diario Deia, al comentar el comunicado de ETA de esta semana. Es claro, es sugerente e innovador. Y sobre todo mueve a la racionalidad del lector a través de un golpe de vista. De veras que es lo que yo buscaba, cuando vi aparecer la nueva -tan prevista por otro lado- en los demás diarios: buscaba qué le decía aquel comunicado a un experto que sobre el posa su mirada. De momento, una primera impresión, los elementos de conflicto, las intenciones torcidas escondidas tras el texto, las aclaraciones necesarias, las consecuencias, los precedentes. En un simple vistazo. A vuelapluma.

¿Es o no periodismo?

El diario británico The Independent se preguntaba en portada acerca de los propósitos de Julian Assange. Junto a una inquietante instantánea, tres titulares: ¿Quién es? ¿qué busca? ¿qué será lo próximo que haga? Algunos, como el ministro de Exteriores italiano, Franco Frattini, ha llamado a la iniciativa de Wikileaks el 11 de septiembre de la diplomacia mundial. Otros hablan del definitivo golpe al viejo gran periodismo.
Todos los elegidos (El País, Le Monde, New York Times, The Guardian y Der Spiegel) trabajan y abren sus ediciones desde hace unos días partiendo de las filtraciones difundidas. Los medios postergados (The Independent es uno de ellos) buscan las cosquillas a la validez de las revelaciones. Es un contexto sin duda adecuado para que salten liebres cuando algo no esté bien contrastado. El profesionalismo periodístico debe rumiar bien aquello que recibe. Y destapar si las hay oscuras intenciones en las fuentes. Por eso es importante la mediación periodística.
Wikileaks no es periodismo: es una fuente más que se ha puesto a manar. Esta por ver si interesadamente. Dilucidar esto corresponde, ahora sí, al periodismo, que no ha de dejarse llevar por fratricidas luchas en busca de frenéticas exclusivas ni por fascinaciones descontroladas. Ojo que el gran problema del actual escenario informativo no es tanto la escasez sino la sobreabundancia y la dispersión. Convertir la información en conocimiento es la habilidad fundamental del periodista, descubrir formas de desbrozar la abundancia en lugar de aumentarla, formas de iluminar más que de dispersar.
Porque imaginen además –como hace Andrés Montero- a un profesional de las operaciones psicológicas de la CIA usando a una marioneta como Assange: “Esto de las filtraciones tenemos que ponerlo en positivo, controlarlo nosotros: es la única manera de que consigamos que dejen de provocarnos problemas con la opinión pública (…). La manera de hacerlo es montar nuestro propio portal de filtraciones, encontrar medios y periodistas que tengan rasgos de personalidad que los hagan más o menos influenciables, alguien con espíritu justiciero e idealista, experiencia en activismo, una dosis de rasgos narcisistas y autoritarios y un ego de considerable magnitud”. ¿Una interesante película de ficción? Por el momento, sí. Por cierto, me gustaría estar en Der Spiegel y tener, para esto, el sereno, reflexivo y enérgico sosiego de la periodicidad semanal.

Un nuevo periodismo de investigación

Acabo de releer la entrevista que Der Spiegel hizo al director de The Washington Post, Marcus Brauchli, y que El País recogió íntegramente. Entre las muchas cosas reseñables (llama la atención, por ejemplo, la sinceridad con la que reconoce cierta lentitud en las adaptaciones a los cambios tecnológicos), Brauchli hace pensar cuando se refiere al Pullitzer recientemente concedido a ProPública. E introduce la posibilidad de que las universidades aprovechen la facilidad de difusión que provee la Red para difundir investigación.
Si para muchos el nuevo universo digital promociona un periodismo especializado y local, es posible pensar en unos medios periodísticos digitales altamente especializados, trabajando en el seno de las universidades y dedicados a un periodismo de investigación que aunara la actualidad con el rigor de los expertos y el método científico.
Estoy hablando, por ejemplo, de un grupo de dos periodistas profesionales trabajando con nómina de la facultad de medicina de cierta universidad de prestigio, que preparase la elaboración de un reportaje sobre el verdadero alcance de una determinada pandemia, para luego venderlo a otros medios. Quizá estos periodistas llevarían también el blog periodístico de la universidad, que aunara las diversas facultades. ¿Ventajas para la universidad? Notoriedad pública, promoción de la investigación e ingresos extras. ¿Para el periodismo? Profundidad en el tratamiento de la información, disciplina de método de verificación y actualidad no sometida a plazos.

Reconocimiento significativo

Muchos lo han destacado porque realmente lo merece. El Pullitzer a Sheri Fink por el reportaje "The Deadly Choices at Memorial" -publicado en The New York Times- supone una cierta consagración de un nuevo modo de hacer periodismo. Es el primer galardón de este tipo a una agencia independiente sin ánimo de lucro, quizá la más consolidada del momento (ProPublica). Gusta este modo de hacer periodismo de investigación. Transversal a los medios. Sin la tempestuosa presión de los plazos. Acogedor de buenos periodistas prejubilados por la crisis. Todo suena a interesante laboratorio de la excelencia periodística.
No obstante hay que guardar especial vigilancia a la independencia de los profesionales con respecto a las donantes que financian los trabajos. De lo contrario podríamos caer en una conversión de los periodistas en una suerte de detectives-mercenarios-a-sueldo encargados de tumbar -mediante informes- a los competidores de quienes financian estas agencias

Alfabetización en noticias

Entrevistan hoy en El País a William Baker, acreditado experto en medios. Y me quedo con dos conceptos. Obvios, pero interesantes para la reflexión. Critica la actual información televisiva: "Muchos debates y gente gritándose, programas muy caldeados que aportan poca luz. No es periodismo, pero resulta mucho más barato que mandar a un periodista a investigar". No es periodismo, pero su rentabilidad y facilonería arrastra al periodista. Es lo que el ex reportero del Washington Post Paul Taylor, llamó "periodismo de refugio" en su libro de 1990 "See how they run": ante las prisas se busca este refugio que, además de éxito comercial, tiene una apariencia de objetividad.
El segundo concepto a resaltar es el de "alfabetización en noticias", urgente tarea en el escenario de la sobreabundancia informativa: "es fundamental enseñar a los jóvenes a distinguir entre el buen y el mal periodismo para que tengan capacidad crítica". Pienso que se trata de un concepto paralelo a la educación de la atención al que se refirió en su día Hanah Arendt. Intelectualmente es más exigente que el periodismo de refugio, para el periodista y para una audiencia que también busca sus refugios. Por eso el infoentretenimiento es tan devastador para la "alfabetización en noticias". Se quiera o no, no es lo mismo ir a la escuela que al parque de atracciones.

Objetividad y periodismo de declaraciones

Al leer estos días, en distintos diarios, las batallas dialécticas en torno a la crisis económica, me venían a la cabeza las palabras de Kovach y Rosenstiel en su libro "The elements of journalism": “Los periodistas que seleccionan fuentes para que expresen lo que en realidad no es más que su propio punto de vista y a continuación utilizan esa voz neutral para darle visos de objetividad están inmersos en una forma de engaño. Eso daña la credibilidad de toda la profesión y la hace parecer deshonesta, arbitraria, carente de principios, lo cual constituye una formidable advertencia en una época en que los principios básicos de la prensa se ponen tanto en duda” (2001: 104). No son solo ellos. Son muchos los analistas que se han referido a las nefandas consecuencias desinformativas de semejante subterfugio.
No pocas veces los académicos que se han detenido a analizarla, han agrupado bajo la denominación “periodismo de declaraciones” todo este tipo de licencias. Con ese modo de actuar, desde luego que el periodista no toma partido: se limita a exponer las opiniones, a dar taquigráfica cuenta de la visión de otros, sin incorporar valor añadido alguno en forma de verificación. Y esto por una equivocada comprensión de la objetividad según la cual cualquier cesión a la intervención personal del periodista habría de ser considerada manipuladora. Es así como el periodismo de declaraciones parece convertirse en la mejor forma de evitar visiones parciales de los sucesos acontecidos: es permitir a la audiencia oir sonar las dos campanas recogiendo las declaraciones textuales de quiénes opinan de una manera y de los que opinan de modo diverso. Sin embargo, sus críticos alertan de los efectos distorsionadores de semejante práctica. Gabriel Galdón, por ejemplo, dijo ya hace años que “cuando existe una controversia entre los expertos, el criterio objetivista de recoger todas las opiniones, hacen que se metan en el mismo saco las insustanciales y las que tienen un fundamento sólido, sin dar al lector los medios para valorarlas. Se hurtan los aspectos sustantivos y se convierte en noticia la polémica misma” (GALDÓN G. Desinformación. Métodos, aspectos y soluciones, Pamplona, 1994: 38).
La manera de desequilibrar la balanza es simple e imita a la praxis parlamentaria: la última palabra corresponde siempre al partido mayoritario. Y como dice Arcadi Espada, "cuando el periodismo incorpora a su trabajo semejante mecanismo destroza el fundamento de su lugar en el mundo (la mediación) y privilegia la persuación frente a la verdad" (ESPADA, A. Periodismo práctico, Madrid 2008: 126). Por mi parte, solo cambiaría la palabra "mediación" por el compuesto disciplina de verificación. En este caso, aplicado al contenido de las declaraciones.

Un escenario creativo

En el informe sobre la prensa americana que publicaba en su último número de 2009 Columbia Journalism Review, se anunciaba un futuro orientado hacia la información local y a la especialización. El camino que marcan es interesante. “Cuando los periódicos reducen drásticamente su personal para reducir costos y sobrevivir, puede menoscabarse también el valor de las informaciones para sus lectores y para las comunidades a las que sirven”. Luego constatan que “con la crisis se degüella a miles de periodistas capacitados, que quedan disponibles para iniciar nuevos tipos de organizaciones locales”. Esto prepara, siempre para CJR, un escenario esencialmente creativo de grupos valiosos pero más reducidos que tratarán de hacer “muchas cosas a la vez: publicar en forma impresa y digital, buscar nuevas formas de atraer al público y a los anunciantes, inventar nuevos productos y fuentes de ingresos, y encontrar socios para ayudarles a producir noticias de alta calidad a menor costo”.
Semejante diagnóstico es todo un desafío para las universidades de Periodismo, sobre todo para las que próximamente afrontan la nueva era de Bolonia. Reclama una formación más interdisciplinar, la promoción de actitudes esencialmente emprendedoras y una profundización enérgica en el carácter de servicio al ciudadano –interés público que no interés del público- que es esencial al Periodismo.