Estar a la altura
Alabo la pertinencia de esa reedición por lo interesante y actual que resulta considerar la relevancia que, en tan turbulentos tiempos, tiene una reflexión a fondo sobre el Periodismo y su función social. “Lo que el periodismo necesita es una crítica mayor y mejor”: lo necesitaba entonces y lo necesita ahora. Hace falta ese esfuerzo continuo por “evaluar el desempeño del Periodismo” y por “redefinir los estándares de servicio honesto, responsable” que el Periodismo ha de prestar a la sociedad. Una revista como CJR pretendía desde su origen “estimular la mejora continua” de una profesión en la que se “combina el desapego necesario para ser razonablemente imparcial, con la experiencia profesional suficiente para distinguir lo que es posible de lo que no lo es”. Genial.
Si hace cincuenta años, CJR percibía, dentro y fuera de la profesión, “una inquietud generalizada por el estado del periodismo”, es evidente que esas inquietudes no se han desvanecido. Ha habido avances, pero también retrocesos, y es claro que el Periodismo “todavía no está a la altura de las complicaciones de nuestra época”.
Pienso esto y lo escribo, en el día segundo de campaña electoral en mi país, después de haber leído los periódicos que informan sobre lo dicho y hecho en el día de ayer por los candidatos. En las dos semanas que vienen necesitamos e imploramos al Periodismo, a los periodistas, que estén a la altura. También hace algo más de cincuenta años la Comisión Hutchins le pedía al Periodismo estar a la altura, en los convulsos tiempos de la guerra fría, al pedirles que “en términos de calidad informe con tal escrupuloso cuidado por la verdad total y por la equidad de su presentación, que el pueblo americano, a través del ejercicio de la conciencia y la razón, pueda tomar las decisiones fundamentales para la dirección de su gobierno y su vida”. También ahora, en estas dos semanas, así sea.
Profesionales que yerran
Ikea y el periodismo
Biopsia del acontecer
Sea como fuere, será necesario cortar en algún punto y decir: “mire usted, de aquí a este otro momento, ésto es lo que ha sucedido”. Ahí marcarán lo relevante para entender y dar a entender el mundo.
Estoy con Arcadi en que esa es una necesidad de los ciudadanos que el periodismo ha de atender: necesitan la selección, la jerarquización, la estructuración y el contexto de la periodicidad que nos de un corte y como en una biopsia analice con detenimiento el flujo y nos diga lo que, en realidad, sucede.
Silbidos de ruiseñor
La presencia activa del director del diario El Mundo en Twitter (@pedroj_ramirez) es un interesante movimiento en este proceso de adaptación de los medios tradicionales al ámbito digital. Está consiguiendo crear comunidad -círculos de confianza- en torno al medio y generar capital cívico al nutrir la conversación.
Son muchos los que hablan últimamente del cambio del periodista que se convierte de gestor de información en gestor de audiencias. Y cuando es el diario de gestión y decisión de un director el que –con breves twetts- se introduce en los cenáculos de la comunidad, el interés de sus intervenciones enriquece sin duda la conversación pública. Además, en el acuciante debate sobre los modelos de negocio del periodismo, la estrategia puntual trasluce una creencia: la apuesta por la rentabilidad social genera a largo plazo rentabilidad económica.
Cada mochuelo a su olivo
De la reunión de los directivos de los cinco medios protagonistas del affaire Wikileaks, destacaría un asunto. Lo que cuenta Georg Mascolo (Der Spiegel). Es interesante que su edición escrita tiene periodicidad semanal. Esto es un cambio de perspectiva: la adaptación al on-line de un semanario. El resto de los participantes son diarios. Según cuenta, su fundador siempre soñó con tener un diario. Con internet lo tiene: sueño cumplido. Pero no se canibaliza. Huye de la convergencia redaccional: cada mochuelo a su olivo. La redacción de información diaria, a la web. Para la edición impresa, otros periodistas, dirigidos de otro modo, viendo la actualidad con otra perspectiva: tempus mediático diverso, estrategia de cobertura diferente, soporte distinto, escrito para una inteligencia de imprenta más serena y reposada, de sillón de orejas. Interesante planteamiento de la adaptación on-line: ¿y si El País o El Mundo solo apareciesen impresos los viernes tarde y dejaran lo diario a la permanente actualización del soporte digital?