Buscando el valor real del periodismo

En un reciente artículo que publicaba en Christian Science Monitor, Robert G. Picard, profesor de Economía de los Medios de la Universidad Jönköping de Suecia e investigador visitante del Instituto de Reuters en la Universidad de Oxford, alentaba a los periodistas a justificarse a sí mismos y a su profesión, a replantearse las estrategias porque, entre otras cosas, la actual apuesta está matando financieramente a la prensa y dañando el concepto de periodismo.
¿Cuál es el valor del periodismo?, se preguntaba Picard. Porque la gente paga por las cosas que tienen valor y si no lo encuentra, se va a otra tienda.
Picard distingue teóricamente entre valor instrumental y valor intrínseco (las cosas que son buenas en sí mismas, como la belleza, la verdad y la armonía). Y afirma, con razón, que el propio del periodismo es el primero de ellos, el instrumental: es importante no en sí mismo, sino en la medida en que ilumina al público, apoya la interacción social, y facilita la democracia.
“Para comprender la creación de valor periodístico, tenemos que centrarnos en los beneficios que proporciona”, sostenía Picard, y esos son, para los consumidores, de tres tipos: funcionales (prestación de información útil y de ideas valiosas), emocionales (sentido de pertenencia y comunidad, tranquilidad y seguridad, escapismo), y autoexpresivos (los individuos se identifican con la publicación de las perspectivas y opiniones de un medio, o cuando se les facilita expresar sus propias ideas).
El problema es cuando estos valores instrumentales periodísticos no generan valor económico, porque la competencia no periodística (on-line, sobre todo) los ofrece gratis.
Interesante la salida que plantea el autor para que los periodistas se reivindiquen a sí mismos: “Los periodistas no son profesionales con una única base de conocimientos, como la que tienen electricistas o profesores. En consecuencia, el principal valor económico del periodismo no deriva de su propio conocimiento, sino de la distribución de los conocimientos de los demás”. En este proceso su valor distintivo dependerá de tres habilidades: acceso cualificado a las fuentes, determinación del significado de la información, y transmisión eficaz de dicha información.
La tecnología parece suponer una seria amenaza a dicha distinción. Y lo es desde luego a su exclusividad, pues ofrece la posibilidad de la generación de noticias a un sinfin de productores no profesionales. Pero no debe serlo para su cualificación, siempre y cuando los periodistas no caigan en las actitudes acomodaticias de las que habla Picard en su artículo.
Digna de seguimiento en esta línea, la encuesta a usuarios que a tal efecto -seguir la aplicación práctica de las tesis de Picard- ha iniciado Columbia Journalism Review.

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