Profesionalidad competitiva

Al New York Times se le escapó, como el agua de entre las manos, la gran exclusiva del siglo XX: el Watergate. Y lo más duro es que el diario que se hizo con ella fue su rival directo: el Washington Post. Lo contaba en las páginas del cotidiano neoyorquino el defensor del lector Clark Hoyt.
En un mercado ultracompetitivo como el norteamericano, no deja de llamar la atención semejante recordatorio de las vergüenzas ya pasadas. Pero la argumentación que lo justifica es interesante.
Los últimos tiempos no han sido fáciles para el Times, con escándalos como el de Jayson Blair que han menoscabado su blanca vestidura. La competencia, aun no estando libre de pecado, no ha tardado en apedrear al infractor. Pero este se defiende recordando la operatividad y eficacia del defensor del lector.
Esta misma semana anuncia nuevas y cuantiosas multas a tres de sus redactores por infringir diversos aspectos de la ética profesional.
Algunos podrían pensar que el mismo New York Times carga las armas que la competencia le dispara. Pero hay otro modo de ver las cosas. El Times mira a sus lectores y se trabaja entre ellos la creación de círculos de confianza, a la vez que, con mano firme, castiga internamente los desvaríos y eleva así el estándar ético entre sus profesionales.

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