Objetividad y/o transparencia

Me ha parecido sugerente la clarividencia con la que Paul Bradshaw explica en Online Journalism Blog la relación entre objetividad y transparencia, y cómo el funcionamiento de los nuevos medios puede reforzar la primera apoyándose en la segunda.
“Imagina que eres un periodista en prácticas que ha crecido en el mundo Web 2.0: un miembro de un sin número de grupos de Facebook, firmante de un docena de encuestas on-line, con imágenes de protestas y manifestaciones colgadas en las galerías de Flickr (…)”. Tú perfil “no sólo habla de tu sexo, origen étnico, religión, estado civil (…)”. Bradshaw se atreve entonces con una pregunta retórica: “¿Puede una oferta de trabajo en el Washington Post, hacerte cortar todos los lazos con tu vida anterior y borrar todos los registros de tu existencia previa como requisito para unirte a la reclusión monástica de la objetividad periodística?”.
Efectivamente, “los periodistas tienen opiniones. Y amigos. Y se basan en fuentes de fácil acceso”. Pero al lector, para encuadrar lo que lee, le puede valer si el periodista autor da la cara, si es transparente acerca de sus afinidades, en un universo tan pluralista como el actual.
No obstante es importante asumir que no hablamos de lo mismo. Verdad periodística y objetividad de método confluyen no tanto en la simple transparencia como en la llamada disciplina de verificación que esta ha de reflejar, una ascesis del profesional del periodismo que lo eleva por encima de la multiplicidad de comunicadores.Como David Weinberger argumenta en una cita de este mismo artículo, la "transparencia subsume la objetividad: cualquier persona que afirme la objetividad debe estar dispuestos a respaldar esta afirmación y dejarnos ver las fuentes, los desacuerdos y los supuestos y valores personales”. A esto la tecnología digital puede contribuir de manera relevante.

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