Si finalmente hay un sólido consenso para terminar con la gratuidad de los contenidos periodísticos en la red, uno de los caminos de retorno es la vuelta al papel de algunas ediciones digitales. Lo ha hecho Bakchich Hebdo, un semanal satírico francés, como en su día lo hizo el norteamericano The Politico.
Se trata de dos conceptos de información política bien diversos: la sátira con cierto tono clandestino por el lado francés; y el análisis en profundidad a cargo del medio distribuido en las praderas del Capitolio. Veremos como resulta, pero conviene enlazar ambos conceptos con lo que Neil Postman decía en su libro "Divertirse hasta morir: el discurso público en la era del show business" (Barcelona: Ediciones de la Tempestad, 2001; 195 pp). Allí se emplea el término "inteligencia de imprenta", que podríamos enfrentar a la que llamaríamos "inteligencia digital". En la primera, que será la adecuada si se contagia el retorno al papel que inician estos medios, "se requiere permanecer más o menos inmovil por un tiempo relativamente largo", relegar "la atención a la forma de las letras, a fin de ir directamente al significado de las palabras que forman", sostener una cierta "inmunidad a la elocuencia", ser "capaz de distinguir entre el placer sensual, el encanto o el tono insultante de las palabras y la actitud del autor hacia el tema y el lector", y valorar la diferencia entre "una broma y un argumento". Una actitud distinta de la hiperactividad e indisciplina de la segunda inteligencia, la digital.
Si esto es así, en el futuro de publicaciones impresas como The Político hay más claros que nubes. Mientras que para Bakchich Hebdo, el panorama es de chubascos.
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