En una interesante entrevista publicada recientemente en el Corriere de la Sera, Arianna Huffington hablaba de la revolución que para la comunicación política había supuesto el modus operandi de Barack Obama. No le falta razón. Pero el exitoso camino hacia el Despacho Oval del primer presidente afroamericano no se reduce, a mi entender, a una cuestión de acertado uso instrumental de las nuevas tecnologías. No menos relevante es su combinación con otra estrategia de marketing político de contrastada eficacia: el storytelling.
Allende los mares y, como escribe el profesor de periodismo Evan Cornog, de la Universidad de Columbia, “la clave del liderazgo norteamericano y el secreto del éxito presidencial, residen, en gran medida, en el storytelling”. Según Cornog, “los que han buscado conquistar el más alto cargo han tenido que contar a aquellos que tenían el poder de elegirlos historias convincentes sobre la nación, sus problemas y, ante todo, sobre sí mismos”. Para lograrlo el recién estrenado presidente estadounidense ha mivilizado efectivamente todas las vías a su alcance y ha sabido contar su historia, de un modo u otro, a través del móvil, de YouTube, de las redes sociales y hasta desde las videoconsolas.
La simbiosis entre estos dos elementos han hecho que la obamiana sea seguramente una campaña de referencia en la política contemporánea. De ella se pueden sacar lecciones por la capacidad de aglutinar a una entera nación en un relato convincente, sirviéndose sin recato y con acierto de todas las prestaciones tecnológicas de los news media. Algunos hablan ya, incluso, de imperio de la narratividad.
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