Una de las más reconfortantes tendencias apuntadas por el informe anual 2009 del Project for Excellence in Journalism (PEJ) es la que plantea la posible reconversión de las empresas, con una influencia y protagonismo crecientes de los periodistas individuales que más valen a costa de las empresas. Una buena noticia para la independencia del periodista en medio de tantas crisis financieras en el sector.En el actual universo informativo, complejo, atomizado y desinstitucionalizado, en el que la generación de noticias está del todo liberalizada, se revaloriza el periodista individual, que seguirá presentándose como algo valioso ante su público. Cierto que tendrá que conquistar o mantener su autoridad ejercitando valores profesionales tales como la disciplina de verificación y una contrastable y cualificada lealtad al ciudadano. Todo un reto. Pero quien lo consiga se ganará el toque de distinción necesario en los mares de la sobreabundancia informativa.
En esta línea de una excelencia descarada, leo a Peter R. Kahn, que animaba hace pocos años al periodismo a elevar el nivel de su propio estándar, a enfrentarse a si mismo y purificarse de sus defectos corporativos: superar su tendencia a lo efímero y su fascinación por lo macabro, lo perverso, lo patológico. Eso que lo hagan -ya lo hacen- otros. Por contra habrá que buscar la distinción -decía Kahn- en un paradigma alternativo al del conflicto, que encorseta la creatividad.
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