Catedrales con alma

Las apuestas firmes y decididas en escenarios tempestusosos siempre han de ser valoradas. Más si cabe cuando quién invita es un marinero forjado en mil batallas. Así que cuando en el artículo "Medios de comunicación: la revolución necesaria", el profesor y consultor Carlos Soria anima a la integración, es obligada la cita y la detenida consideración.
Parte Soria de una convicción: internet no es un medio sino "la madre de todos los medios de comunicación presentes y futuros, una matriz digital que integra todos los lenguaje posibles". Primera encrucijada y primera indicación precisa del camino pertinente, de la que se deriva una segunda señalización: huir de los fundamentalismos del papel e internet. "Ambas posiciones -dice Soria- carecen de sentido porque tanto el papel como internet están llamados a vivir, a convivir, a construir la revolución digital".
Tercera premisa: ninguno de los medios clásicos está capacitado para liderar la revolución digital, pues "son tan fuertes las improntas y la cultura específica de cada uno de ellos (el modo de planear, de cubrir la información, los flujos de trabajo, los tiempos de acción, la forma de mirar la realidad (...) que resulta casi imposible liderar desde ellos este giro copernicano". La clave estará, siempre según Soria, en situar en los "centros operativos de las empresas de comunicación a hombres y mujeres con alma periodística y cabeza y corazón digital".
Por último, "la revolución digital debe de comprometerse con el periodismo puro y duro", con los valores periodísticos de siempre. "Todas las empresas de comunicación han de ser catedrales -grandes o pequeñas, de piedra, de ladrillo, de barro o de madera-, catedrales con alma, empeñadas en mejorar el mundo, no solo en describirlo".
Ya no es comparable pues la etapa que vivimos con la que el periodismo contempló con la llegada de la radio primero y de la televisión después. Es otra cosa.

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