Un toque de gracia en la tiesura

Genial descripción que Miguel Delibes hace de su mujer en "Señora de rojo sobre fondo gris": "No es fácil dar una idea aproximada de tu madre, de su cara oculta, la faceta que no habéis conocido. Estaba su atractivo, es cierto, pero también su intuición, su admirable capacidad para crear ambientes. Recuerdo ahora nuestra gira por América hace diez años: las clases, las charlas a mediodía, bajo el sol de mayo (…) Se echaba en falta un rompedor, alguien que fundiese el hielo, que flexibilizara el inevitable acartonamiento académico. Ella acabó con aquella tiesura ceremoniosa y no me preguntes de qué manera. Simplemente lo hizo".
Y más adelante dice: " No valoraba su talento. Le ocurría lo mismo con el cóctel, con su dominio de la técnica festiva; tampoco lo apreciaba. Para ella cambiar de interlocutor cincuenta veces en una tarde era normal. Algo tan sencillo como respirar. Afrontaba en cada caso a los desconocidos con una calidez tan específica que cada uno quedaba con la ilusión de haber sido distinguido por ella. Dominaba ese arte tan difícil de abandonar a una persona y dirigirse a otra sin humillar a la primera; conectaba y desconectaba sobre la marcha, deportivamente, la sonrisa en los labios, y a la hora de las despedidas, todo el mundo se hacía lenguas de su afabilidad".

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