Los agitados mares de la sobreabundancia informativa

El Día del Libro, celebrado ayer, trae a la memoria frases míticas sobre los hijos de la imprenta. Como aquella de Hieronimo Squarciafico, que en 1477, aseguró que “la abundancia de libros hace menos estudiosos a los hombres”.
En diciembre de 2008, la Universidad de Columbia publicaba en su revista Journalism Review un artículo de titular muy expresivo: "Overload! (Sobrecarga), la batalla del periodismo por la relevancia en la era de la sobreabundancia informativa” y aseguraba, basándose en las conclusiones de una investigación a cuenta de Associated Press, que la abundancia de recursos crea insatisfacción y pasividad.
En esa misma publicación, se recoge una entrevista a Clay Shirky, docente de la New York University, en la que sostiene que las nuevas tecnologías están haciendo que la gente lea más aunque de manera más fragmentada. Una interesante aportación a un debate cultural de notable relevancia.
Sea como fuere, el escenario plantea apasionantes retos al periodista que, como protagonista inestimable en esta revolución cultural, ha de aportar, en medio de semejante alud, sobre todo tres cosas: sentido, contexto y disciplina de verificación. Esas y no otras habrán de ser las valencias con las que las marcas periodísticas contribuyan a la conversión de la información en conocimiento.

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